Paso frente a tu casa y presiento
la quietud del abandono; donde
antes iluminaba tu presencia
sólo colea un reguero de alma ausente.
Camino como una sombra
frente a su fachada inmóvil
de soledad sin voces, donde
ya ni las plantas crecen. Me falta
ese presentimiento de sentirte
tras de la ventana, transida
de un anhelo que busca quien lo habite.
Con tu fatalidad marchaste
sin decir que te marchabas
y dejaste con tu abandono un recuerdo
nostálgico que palomas sobrevuelan
meciendo el tiempo bajo sus alas.
Un tiempo desnudo, de constancia huera
que atormenta con el compás binario
de su péndulo y el gotear de arena.
Mis ojos ya no se miran en tu mirada,
mis brazos inútiles son sin el abrazo,
en mi corazón de tu calor no quedan brasas,
y mis hombros se sobrecargan
de un pesar triste, incapaz
de exhalar un mal lamento.
Callada ausencia de estéril trayecto,
como si la posibilidad tuviese márgenes
y el alma fuera un bajel atrapado en su botella.
Mas si te volviera a ver...si la vida fuera
como un libro que se pudiera cerrar,
y se contara con una prolija biblioteca
donde gozar muy distintos manuscritos,
y fuera la esperanza mar de singladura...
Tal vez tenga algo de lo que muchos carecen,
pero mis días ya no son míos
y no tienen a quién pertenecer;
mis noches... para qué nombrarlas!
No quiero esa tiniebla que se palpa;
quisiera la mañana de tu cuerpo
despertando entre el gozo de mis sábanas.










