Lo veo pasar muchas tardes desde el rincón en donde suelo mendigar. Debe de ser hombre de costumbres metódicas, pues a una hora bien aproximada del día pasa frente a mí. Es su caminar sosegado, como de quien carece de apreturas que impulsen a acelerar la marcha. No es como yo, que no tengo donde caerme muerto; el, seguramente, poseerá un mullido lecho donde caer rendido. Hay algo en él que lo hace parecer distante. Es raro verlo acompañado. Debe de tratarse de algún desengañado. Su aspecto es saludable, con cierta tendencia a la gordura; aunque mantiene un cierto vigor atlético. Debe de haber llevado una vida de trabajos en cierto sentido "duros". Por los horarios en que pasea sin duda estará jubilado. No sé hasta que punto dispondrá de una pensión holgada. Pero se me antoja que la remuneración no llega a cubrir todas sus necesidades, pues lo veo penetrar cada tarde en la administración de loterías, y guardar a la salida sus apuestas en la cartera. Seguramente, como tantos, anda soñando con que le toque el gordo o un pleno de la Primitiva. No, no es el hombre excelente que podría llegar a ser, pues anda consolándose con baldías esperanzas. No, no debe de ser del todo de esos que sujetan al toro por los cuernos. Se permite veleidades. Casi diariamente repite un mismo itinerario. La ciudad le es hostil, pues soslaya trayectos que le desagradan. No en todos ellos encuentra lo que busca. Su experiencia le dicta que no conviene adentrarse en determinadas zonas, ni frecuentar determinados establecimientos. Cuando se conoce el mundo, poco se puede esperar de él. Cada cual nace con su sanmartín. Yo me restrinjo a los pocos céntimos que caen en la escudilla. El ciudadano también debe de tener marcadas sus limitaciones. Viste con aseo; con ropa no excesivamente cara. Usa zapatillas. No le veo nunca fumar. No sé si bebe. Supongo que, como todos, echará alguna cana al aire de cuando en cuando. Pero no me gustaría precipitarme. No habitúa acompañarse por mujeres. Conforme están los tiempos, cualquiera sabe. Tampoco pasea con niños ni jóvenes. Tal vez no tenga hijos. Hay en él algo extraño. Acaso su biografía no esté del todo limpia. Debe tratarse de un individuo algo insociable, pero el que esté sin pecado...No es, de cierto, un tipo propenso a las amistades. Aseguraría que con él no convendría jugarse los cuartos. Pero también el flaquea, aunque trate de disimularlo; como todos se halla sujeto por una maraña de convenciones, de rígidas barreras que le impiden liberarse de su vida convencional, de esos paseos rutinarios, cronometrados, sin objetivo aparente salvo el de favorecer un buen estado físico. ¿ Por qué caminas sin dirección concreta, buscando pero sin querer encontrar? Esta clase de gente me revienta, parecen afligidos pero sin un motivo claro; tienen la vida asegurada y sin embargo parecen insatisfechos. Quisiera verlos en mi condición, viendo llegar la noche y no tener un lecho para el descanso, oír ronronear las tripas y no tener un pedazo de pan que echarse a la boca, padecer la helada invernal y carecer de abrigo con que taparse. En mi situación quisiera yo verlos. Yo yazgo en este rincón de la calle porque no tengo lugar a dónde ir en este mundo, pero y él, y él...seguramente igual que yo en mitad de la noche se despierta sudoroso y angustiado, soportando el gotear del tiempo que cae hasta él fondo de un pozo sin significado y la garganta quiere gritar pero sin saber a qué responde ese grito desesperado, del que participa todo bicho viviente ante la desolación sin respuesta que nos rodea y nos ahoga con esa bola pesada en la garganta que no podemos vomitar. Es curioso, el individuo a pasado frente a mí y ha dejado caer un moneda en la escudilla.
EL TRANSEÚNTE











