Naamán el sirio PUBLICIDAD
En el siglo noveno (a C), siendo Joram rey de Israel y mientras Salmanasar III ejercía el dominio sobre el País de los Ríos, ocupaba el trono de Siria Ben Adad I, quien cifraba su poderío, más allá del hierro de sus espadas y la fuerza arrolladora de sus carros de guerra, en la excelencia de sus generales, de los cuales el que tenía en mas estima era Naamán. Al león se le comparaba por su bravura, y a la serpiente por su prudencia; con sus triunfos había coronado las glorias de Siria. Pues la magnitud de sus hazañas guerreras y certera sabiduría habían librado el país de amenazantes peligros y proporcionado pruebas porfiadas de lealtad a su rey, por las que éste no tenía por menos que estarle agradecido. Victorioso en sus campañas en Biblos y Qadesh, había guerreado contra Israel y aconsejado establecer favorables alianzas con Tiro y Sidón, que proporcionaran a Siria una salida estratégica al mar; vencedor en las fronteras de Aram y temido en el asedio de Mari, fortaleció lazos mediante provechosas embajadas con Nínive y Acad que debilitaran la hegemonía de Babel y Asur; viajero en la olvidada Mitanni, a su regreso dio a conocer a Ben Adad el más excelente metal sagrado que templaran los hititas. Conforme a sus méritos, como justo consejero e invicto conductor de sus bravos guerreros era celebrado por los damascenos.
Era, sin embargo, Ben Adad desconfiado como todos los reyes, y esta misma desconfianza le hacía tornarse codicioso. Mientras tendía alianzas con sus vecinos, de la voluntad de concordia nacía el deseo de conquista. Adoraba a Hadad Rimón como el todopoderoso, pero su recelosa volubilidad sólo fiaba de la superstición....
ADQUIERE UN EJEMPLAR DE NAAMÁN EL SIRIO
NO TE DEFRAUDARÁ
La máscara del héroe
Es triste saber que cuando uno indaga
comprueba que entre los hombres
no hay esperanza, que el envés de los héroes
es ser un canalla, que el ideal es un velo
tras el que encubrir lo obsceno.
Aun del elegido sólo se muestra la máscara,
que al arrancarla sólo manifiesta las lacras:
es el honor astucia artera; el valor, desatemperanza.
Si es misión de los pueblos
contemplarse en es ese espejo,
se comprende el desafuero, la injusticia,
la desventura sin consuelo
que deberemos arrostrar hasta el fin de los tiempos.
A LOS PUEBLOS... ( adiós a las armas)
El gobierno sin argumentos,
cuando el juicio al instinto cede,
malogra toda esperanza,
llena el corazón de silencio
y escucha el clamor de las armas.
No hay justicia cuando los fusiles hablan,
cuando a la razón desoyes
y con la violencia pactas.
No habrá más fruto que muerte,
yermo terreno sin flores,
desolación en las almas,
en lugar de vida, mortaja.
¡ Malhadados los pueblos
que fían su decisión en las balas.
No tendrán laurel ni provecho
sino la fría extensión de una lápida!
Amargos postulados
Tardé bastante en comprender
que una mujer no es un camarada
y que un camarada no es un amigo,
que las heridas no sanan
sin cicatrices ni sin lágrimas,
que la adversidad nos derrota
cuando se ignora el peligro.
Tales postulados amargos
no los creo un aserto categórico,
sólo son constancias de camino,
cuando se vuelve condena
un mismo error repetido,
como cuando cadenas son los lamentos,
y sentencias los desesperanzados gritos.
Procura cada mañana renacer
al desnudo día celebrando su milagro
de inocencia invulnerada;
no empañan los recuerdos al sol,
ni entorpece el vuelo de los pájaros.
Caminar, sin dar señal de gran fatiga...
Breve reflexión sobre la narrativa
Hay eruditos del relato que cifran el logro narrativo en la exposición de una historia bien contada, en el desarrollo de un argumento de forma clara, directa y ausente de concesiones retóricas. Yo pregunto: ¿ es ésta la culminación del sumun literario?. La tradición inglesa nos ha aportado bastantes ejemplos en este sentido, basando la tarea del narrador en la habilidad de contar. Pero ¿ debe ceñirse todo el afán literario en la consecución de este logro? Tan polvo y paja es la superflua retórica como la ineficacia narrativa. Mirando todo el quehacer de las letras entre ese estrecho ángulo, se renuncia a gran parte de la fertilidad creativa, descartando aportaciones que sería erróneo obviar. El Buscón no sería el Buscón sin el vestido que lo recubre. El desnudo por sí solo resulta romo; se realza bastante con un añadido, aunque sea de detalle. ¿ Quién es el que reduce la meta al mero buen narrar, quizá la deriva de nuestro tiempo? Las fresas saben mejor con nata.
Pleno sol
...traigo conmigo el sudor de muchas leguas,
el polvo adherido a los andrajos,
los alacranes agarrándose a los zapatos,
y el sol,
el sol tórrido aplastando mi entusiasmo,
resecando la saliva,
debilitándome hasta el último aliento,
avistando un horizonte difuso como un espejismo,
avanzando por un sendero pedregoso de incierto destino...
pero no dejaría de andar;
andar me justifica, andar
hace razonable el absurdo,
confiere un propósito al silencio que acompaña,
encuentra su motivo en sortear los escollos del camino;
paso tras paso se crea una conciencia de meta,
se descubre otra perspectiva.
Puesto que ando, existirá un momento necesario
donde mi zancada se detenga...
mi misión concluye cuando la ruta acabe;
su más allá no me compete.
Ahí reside la finalidad de andar.
Caminemos, pues...
tengo por seguro que si prosigo la marcha llegaré a alguna parte,
veré otros días que me esperan
en climas templados sin rigores
donde refresque la delicia de una fuente,
donde el sol suavice sus ardores
y el pleno día remita su castigo
dando paso al remanso benigno de la tarde,
a cobijo de una sombra amable
que alivie del esfuerzo mantenido.
Concédeme...
Concédeme el perdón,
permite que tu lástima
enjugue mis lamentos,
que mi corazón se abra
al deleite de tenerte,
que la grosura de su verbo
aflore a mi garganta,
y la palabra amable
endulce mi amargura..











