Que poco rato dura la vida eterna
por el túnel de tus piernas
entre Córdoba y Maipú
( J. Sabina)
Si la vida eterna se encontrara
en el cumplimiento de algún coito,
si su colofón coronara
la hoja noble del olivo,
si penetrara con la mañana
al abrir de par en par la ventana,
si su aliento embalsamara
el descuento del tiempo que se va...
Si conociera de cerca el mensaje
que su heraldo proclama
para pagar el obligado peaje
que corresponde a la culpa de Adán,
cuando bajo la sombra arbolada
el fruto inquietante arrancó.
Como crío enfurruñado,
la mano providente mordió
y quedó sin luz bajo la venda,
entre un corro que juega
a la gallina ciega. Sobrecogido
por el terror de otras voces,
avergonzado de sus vergüenzas huyó.
Había perdido el inocente olvido,
momento imperecedero mesura se tornó,
sujetando el cabo de un hilo
del que tiraba y tiraba sin encontrar final,
hasta que la guadaña lo vino a cortar
y fue preciso un sacrificio de cruz
para volverlo a hilvanar,
todo guirnalda de luz,
gozo que sabe a eterna vida
que nunca atenúa, donde
nada hay contingente o baldío,
venero necesario de incesante
acopio, deleite sin deseo,
permanencia sin fragmentos,
lugar sin geografía. Crisol
del espacio-tiempo. Aurora detenida.











