La Vaca Sagrada y otros asuntos funerarios

La Vaca Sagrada y otros asuntos funerarios

 La muerte de dos mil hindúes en accidente ferroviario, aun tratándose de la mayor catástrofe de la historia del ferrocarril, es proporcionalmente menos transcendente que la muerte de dos mil indios sioux en cataclismo ferroviario o similar. Prevalece en ello una estimación cualitativa, en tanto que la equivalencia cuantitativa no exonera de que la pérdida de 2.000 sioux ( que colocaría a su especie en peligro de extinción) sea más gravosa que la de 2.000 hindúes de Cachemira, cuyo deceso tendría una mejor solución demográfica. El óbito de un vecino de Calcuta incide de forma menos resonante en este aspecto que la muerte de un Yanomami del Amazonas o de un aborigen australiano, esos que inventaron el boomerang y el canguro a la brasa.

El pasado nueve de junio se dio la noticia, aséptica como toda información de agencia: << Mueren dos mil indios en accidente ferroviario, que se prevé el más grave de la historia>>. Luego, precisando un tanto, se explicó que el accidente sobrevino al intentar esquivar el maquinista del convoy a una "vaca sagrada" que se había interpuesto en su trayectoria.

Queriendo dejar limpia su conciencia del espachurramiento de una sacra bestia india, el probo ferroviario ha cargado sobre sus espaldas con la masacre de dos millares de seres humanos. ¿ Dios lo quiso, como asimismo quiere la existencia de "vacas sagradas" y que los hindúes mueran por muchedumbres?

Es la "vaca sagrada" un emblema de la India, pese a su desmesurada cornamenta y su aislada jiba de camello mal desarrollado. En otro tiempo se inculpó a esta hierática res como uno de los factores determinantes del hambre en la India, ante la prohibición rigurosa de consumir su carne y su leche y hacer uso de sus derivados. Pero esto siempre nos olió a cuerno quemado, asumiendo cual si fuera  satisfactorio el supuesto de que tanto las autoridades como el pueblo indio son cortos de miras.

Fue una misionera española, de las muchas que transitan aquellos hemisferios, a quien escuche hace tiempo en una charla, la que me aclaró más o menos esta cuestión. Decía, en palabras aproximadas, que los presuntos adoradores de este animal "tabú" no aceptaban, a pesar de esa congénita resignación y peculiar filosofía oriental que se les reconoce, el arbitrio de las autoridades religiosas sobre la reserva de no ingerir la carne de "vaca sagrada", recayendo para el trasgresor la mayor  severidad de los preceptos morales. El asunto no era tan obvio, y su complejidad radicaba (siempre según la misionera) en que las vacas indostánicas estaban, y suponemos que seguirán estando, tan flacas y famélicas como buena parte de la población hindú, y que aun sacrificando a todas las vacas del territorio, la carne resultante no daría ni para alimentar a la modesta comunidad cristiana de Bombay o Calcuta, y eso que ésta se conformaría con una ración de todo punto frugal.

Otro factor, junto a los ya citados de ineficacia gubernativa e invulnerabilidad del ganado bovino, que intervenía decisivamente en el problema subalimentario era el de la superpoblación, ese frenesí demográfico que nos retrata la India como una incalculable muchedumbre heterogénea, multicolor, pluriracial, venerando Budas en cuclillas, frecuentando templos mayestáticos, domesticando laboriosos elefantes grúa, y tocados con turbantes o resplandeciendo sus cráneos rapados bajo un sol de justicia, itinerantes en solemne procesión.

¿ Pero es el elevado índice de natalidad quizá una consecuencia de la torridez del clima o del celo de los dioses por poseer cada día más fieles que testifiquen sus obras y los defiendan de las deidades rivales; o sea, la pugna enconada entre Brahma, Buda y Alá? No han faltado las campañas gubernamentales encaminadas a poner freno a una irracional demografía. Pero todas las medidas propuestas, preventivas, pautales, farmacopeas o esterilizadoras han contado con el rechazo manifiesto de gran parte de la población.

Dos mil remotos muertos en la remota India aún nos suena tan lejano en la distancia como lejano en el tiempo lo hacen las guerras de Flandes. Y tiempo y distancia son los antídotos más eficaces para malos tragos y sinsabores. Dos mil remotos muertos en la India los olvidamos pronto, si nos atenemos al vértigo de nuestro siglo. La noticia de dos mil cadáveres sin nombre al descarrilarse un tren expreso, al sernos ofrecida como estadística impersonal, nos conturba menos que cualquier otra desgracia que nos toque mas de cerca, con las que a diario se nutre la página de sucesos. Aunque, al fin y al cabo, todo ello sólo conforma nuestras extrañas cuestiones rutinarias de parámetros y perspectivas.

LA INCONSTANCIA

LA INCONSTANCIA

 Por mucho tiempo fuiste deseo en mi carne,

razón, propósito, sueño,

cubriendo toda la extensión

que abarcaba mi ternura,

rutina de voluntad, costumbre cotidiana,

soplo que mi aliento expelía, 

cercana como el pensamiento,

gozo y tormento de corazón.

Hoy, sin embargo, miro en mi deseo

y no te contemplo, el destino que fuiste

contradijeron los hechos, su esperanza

cesó porque ya no se espera, lo que fuera

certeza, es ya memoria pasajera. 

De ello es culpable el tiempo, 

la inconstancia del deseo...

Acaso una máxima de Marco Aurelio.

SEGUIR VIVO

SEGUIR VIVO

 Seguir vivo es comprobar

que los años pasan, que al mirarte

a los ojos resaltarán las ojeras,

 que el vino ya no procura

la dulce ebriedad

sino cierta acidez estomacal,

que para cumplir con el amor

te basta con el deseo,

que las cicatrices ya no destacan,

acostumbrado a la rutina de mirarlas.

Ofertas viajeras de verano

Ofertas viajeras de verano

 Regresé de Asturias con una bronquitis bien consolidada, que ya había mostrado sus primeros síntomas antes  de emprender el viaje. ¿ Por qué escogí Asturias como destino vacacional? Pues precisamente porque la precaria pensión del estado no da para muchas posibilidades. Y porque cuando entró en Asturias es como si accediera a otro universo, cambia el clima, cambia la orografía, cambian las latitudes, y hasta cambia la geología. Es el segundo lugar de España que reconozco como hogar, tras de Alicante. Antiguamente a Asturias se entraba, para todos aquellos que procedíamos del sur, atravesando las montañas que la separan de León. Había que ascender hasta el puerto de Pajares por una carretera llena de dificultades o por una línea férrea no menos tortuosa. Hasta que no se alcanzaba Pola de Lena no se reconocía uno inmerso en pleno territorio Astur. Pero allí ya nos sorprendía la belleza de los valles mineros. Tanto el año pasado como éste he disfrutado de la comodidad que se ofrece al utilizar los larguísimos túneles ferroviarios que atraviesan la cordillera y que te llevan de León a Oviedo en una hora. Tiempo atrás se tardaba tanto en atravesar el territorio asturiano como de llegar de León a Madrid. Quizás exagere un poco, pero si se pudiera hoy día contrastar los tiempos se vería que no ando muy desencaminado.

Nada más regresar de Asturias, como digo, la bronquitis había agravado sus síntomas. Al segundo día en la tarde, notaba cierta falta de aire, el rostro abochornado y el pegajoso calor del verano alicantino que te obligaba a refugiarte junto al aire acondicionado. Tuve que acudir al médico en la mañana siguiente, y allí me administraron oxígeno junto a cierto tratamiento y me recetaron los fármacos necesarios para recuperar la salud. Nunca hasta ahora había utilizado un inhalador. Es la primera vez que reconozco que mi cuerpo cede ante un agente externo, incapaz de remontar por sí solo un cuadro respiratorio adverso. No sé si es que vamos para viejos, o que los virus de ahora no son como los de antes. Afortunadamente, ya me he repuesto.

El verano continúa. Por cierto en Alicante uno de los más bochornosos que recuerdo, donde no se para de sudar y donde tan agobiado se está dentro de casa como en la intemperie. Los promotores de viajes te tientan con ofertas sugestivas, que incitan a quitarte de encima el horrendo calor. Pero el horno no está para bollos, Otros veranos, estando yo bastante más optimista, me había dejado ver por Madrid. En éste me considero incapaz de soportar los 37 grados de ambiente seco que quizá asolen la capital. Si tocara la lotería, ya buscaría un lugar más placentero. Un lugar acaso menos trillado, tal vez algo más al norte pues a Andalucía le pasa como a Madrid, no hay quien la pise durante estos meses. Uno piensa en los tórridos mediodías y principios de tarde en Sevilla, Córdoba o Jaén y se le cae el alma a los pies.

VERANO

VERANO

 No hay otro propósito en verano

que huir del calor. Sorber

bebidas frías, comer helados,

devorar sandías, goteando

su jugo por los incisivos, ¡ qué delicia!.

Casi no se ocupa uno de vivir,

sino de salvar los inconvenientes del clima,

protegerse del sol y buscar la sombra

con la frente hecha papilla.

El sol todo lo calcina, al menos en mi tierra,

la ideas derrite y los relojes reblandece.

El tiempo bajo el sol querría ser eterno,

pues fluye sin interrupción

bajo un cielo claro y limpio

al que sólo desafía algún Ícaro,

cuando sólo la sombra da marcha

 a su cronómetro austero.

Es verano, y viene a ser cotidiana

la pereza. Poco incita a escribir,

porque se vive para afuera,

para las preocupaciones físicas

y el bienestar epidérmico. El calor,

la calor, que todo lo condiciona,

que procura sed inagotable,

sudores, sofocos, otra vez la pereza,

envidiando al pescado 

que se mantiene fresco en la nevera.

¡ Qué analogía tan cruda! 

No dudaría referirla 

al merluzo responsable  de estas líneas.


El ayer

El ayer

 Busco en Oviedo entre los rostros con quienes me cruzo alguno de los que conocí hace cincuenta y tantos años. No reconozco a ninguno. Unos pocos habrán medrado y serán costosos de ver, otros, acaso, habrán muerto. Hoy estoy como turista y no como lo estuve entonces, de chivo expiatorio. Los recuerdos se agolpan a mi memoria y humedecen mis ojos;  parecen tan presentes como lo cotidiano. En cualquier caso, no he venido a Asturias a recordar, sino a continuar camino.