Todo en derredor es desolación

Todo en derredor es desolación

 Todo en derredor es desolación. Vivimos en un mundo donde nada ofrece resultados satisfactorios, al menos para algunos. Pues de otros se cuenta que continúan acumulando pingües beneficios mientras se afeitan o desayunan, aunque se levanten de mal café. En estos casos, la vida parece sonreír; sería ésta una gran bendición para el escogido si su naturaleza no fuera como la de todo quisque, perecedera, sujeta a adversidades, accidentes, enfermedades y cómo no a la guadaña de la Parca. Dicen que algunos ya buscan soluciones para este contratiempo.

El caso es que nuestra existencia no halla asideros fiables a los que agarrarse. Nada hay en la vida menos satisfactorio que las relaciones con nuestros semejantes. Unos a otros - hay excepciones, claro- nos hacemos la vida imposible. Este es un mundo del todos contra todos. Si está en su mano no te dejarán levantar cabeza. Una muestra clara de ello es la resistencia que se opone a ganar dinero, a mejorar tu situación, a prosperar. Parece la sociedad confabulada para no permitir que ese beneficio te alcance, y bien sabe el estado "poner palos en las ruedas". 

Por ejemplo a un individuo que se pasó cuarenta años trabajando en un empleo no del todo recomendable, dejándose la piel y dejando pasar la vida tras los muros constrictores de una empresa, y que llegado el momento por unas causas u otras recibe del estado una pensión con la que difícilmente llega a fin de mes, no creo que se pusiera reparos en que el susodicho tanteara la posibilidades de mejorar su economía y con ella el 80% de su propia vida. Pues bien, todos las alternativas que se ofrecen parecen dispuestas para obstruir que tal desarrollo se lleve a cabo. Pues a día de hoy, si se intenta un negocio, fracasará; si procura abrirse camino en cualquier disciplina artística o intelectual, recibirá indiferencia; si juega a la lotería, después de haber intentado todas la variables para conseguir un pleno, comprobará que buena parte de su peculio habrá menguado. ¿ Qué hacer? No dudo que alguno de nuestros próceres nos facilitaría el arma del pistoletazo. En verdad, esta sociedad de hoy ofrece pocas soluciones a sus súbditos. Si acatamos sus normas, pronto nos cercioraremos de que nos han dado gato por liebre.

Pues bien entre todo esta turbamulta de desengaños, aún quedan pequeños veneros donde saciar la sed que nos atosiga, y no me refiero en esta ocasión a la fuente eterna del Señor, sino que explorando en youtube he descubierto una vieja grabación hermosa e insólita. Se trata de una versión de orquesta del primer acto de La Valkiria de Wagner, llevada a cabo en Viena a principio de los 60 del pasado siglo. Allí se congregaba, además de la Filarmónica de Viena, buena parte del elenco que participo en el apogeo de aquellos festivales de Bayreuth de posguerra. Está Greindel cantando a Hunding, y dirige Knappertsbusch. En principio creí que Knáppertsbusch habría participado en los Festivales y principales teatros durante la época Nazi. Me llamó la atención su inequívoco aspecto teutón y que colgara de su cuello una cruz de diseño puramente germánico. Luego supe que durante el régimen de Hitler el insigne director había vivido apartado en Austria, y que se le llamó para dirigir los Festivales una vez concluida la contienda mundial. La grabación es una gozada, al escucharla uno se resarce de tanta mediocridad, de tanta miseria, y de tanta estupidez a la que estamos sometidos. Sin duda Wagner, ese hombre controvertido y de moral dudosa, se redimió con esta música de ese tránsito amargo y tantas veces decepcionante que es la vida

EN LA ERMITA DE RIBADESELLA

EN LA ERMITA DE RIBADESELLA

 No sé que me indujo a subir a la ermita.

Sabía que aquél era tu lugar preferido.

Durante el camino empinado 

no paraba de escupir una bronquitis aciaga.

Llegué con las fuerzas justas y el aire escaso.

El espacio sacro me vedó la entrada, 

las rachas de viento azotaban con ganas

Pero allí estaba yo, en el promontorio aislado,

deslumbrados los ojos por el sublime entorno.

De un lado el Sella muriendo en la mar,

con su serpentino trazo precediendo el estuario,

luego, las montañas, lejanas, donde sueñan

 los bosques legendarios y astures; del otro,

los acantilados con su arisco perfil,

recortando la inmensidad azul de herida belleza, 

embebiéndose de mar y plenitud cercana.


Vimos partir sin luz la última nave

Vimos partir sin luz la última nave

 Vimos partir sin luz la última nave,

conocimos entonces el vacío en nuestras manos,

que nuestra única certeza se alejaba por el agua

bajo la luna envuelta de tinieblas

cuando la ciudad festejaba más lejana.

El barro había cubierto nuestras botas, 

mirábamos con ojos de melancolía

tras de aquella vivencia que escapaba

como un ave que remonta las alturas,

como un grito que se propaga estremeciendo, 

como lágrima de una emoción profunda, rota,

 sueño que al despertar se olvida, circunstancia

que desde entonces forjará el momento.

Las nubes de tormenta preñadas a lo lejos,

las húmedas ráfagas que traía el viento,

el recuerdo amargo de una despedida,

la carta que me dejaste guardada en el bolsillo,

la convicción de que aún lo arraigado pasa,

frágiles los más íntimos lazos,

sombríos los augurios cual la noche,

cuando la última barca tiene que partir

y la vida es sólo solitario tránsito.

Te compadezco, Jaime Bayly

Te compadezco, Jaime Bayly

 Jaime Bayly se siente vejado, humillado, dolido... porque la presidencia del Perú le ha negado una embajada añorada, quizá en Ottawa o en Buenos Aires.... Jaime Bayly en realidad es un tipo que no tendría por qué lamentarse. Dice que a los treinta y pocos años ya obtuvo su primer millón. Muchos no hemos visto un millón en la vida, ni somos un personaje célebre televisivo ni firmamos ejemplares de nuestros éxitos literarios en las ferias del libro más afamadas. El problema de Bayly es que ha nacido en una familia rica y no está acostumbrado a perder. De hecho, vive en Estados Unidos donde nada tiene peor prensa que un perdedor. Tal vez si Bayly observara a quienes hemos sobrellevado la derrota, porque nos acompañó durante una infancia precaria, en una juventud rebelde en la que fuimos engañados, a lo largo de casi cuarenta años de trabajos forzados, donde quedaron postergadas cualesquiera tentativas de vocación literaria o, finalmente, cuando reunimos las suficientes fuerzas para asomar el esporádico cuello de alguna novela, algunos poemas reunidos, alguna crónica viajera...fuimos avocados al ostracismo de la indiferencia, a ese obstinado silencio que recibe aquel con quien no se cuenta para nada...entonces tal vez Bayly se confortaría con el célebre poema de Calderón: Cuentan de un sabio que un día, tan pobre y mísero estaba... Feliz Bayly, que cuenta con un trabajo bien remunerado, una joven esposa, una familia, y se permite a menudo el capricho del viaje intercontinental, del algún reloj suizo o unas vacaciones en Bahamas. Por mi parte, de poco puedo alardear; tengo una pensión precaria, he escrito nueve libros que sólo me han procurado gastos de mi bolsillo, tengo un blog en internet al que nadie se suscribe, y por si fuera poco la lotería me es adversa. Venturosos los Alvaros Vargas Llosa que reciben embajadas, se codean con la mejor sociedad y pueden presumir de la memoria de haber tenido un padre ilustre.


Experiencia del naufragio

Experiencia del naufragio

 Temerario me lancé al mar

y tuve la experiencia del naufragio,

Me cansé de batir con las olas

y palpé sus profundidades ciegas.

Era demasiada su vastedad

para abarcarla con mis cortos brazos,

sus abismos, sus corrientes, sus simas,

la variedad de especies, sus plantas,

sus algas y corales...

Conocía mi pequeñez solitaria,

el calado de sus espacios insondables

en los que sólo podría ser guiñapo

y la mar mortaja; sin embargo

braceé desesperado, confiando

en que todavía no había exhalado 

mi último aliento, en que todavía

no se había escrito mi última palabra

ni proferido el último lamento.

La pleamar me devolvió a la costa

destrozado y exangüe, herido

con lesiones que sólo el tiempo

sanaría, sumido el ánimo

en la soledad de un silencio

que las palabras no pueden llenar,

y, en el corazón roto, el enigma

de un misterio que descifrar.


Mirad San Marco!

 Qué esperabas encontrar en las cúpulas de San Marco...

¿ el peso de un tiempo que no pasa,

de un tiempo detenido en sus aromas, 

en una geometría de arcos y columnas

encerrada en artificios de añoranza,

entre el sabor de un viento salitroso

que trae el continuo sacrificio de la olas?

Los mármoles dormidos en la belleza 

de su trazo bizantino, los claros días

cuando el sol penetra el vidrio 

de sus colores en vibrante policromía.

Brillan las gemas de su ocaso

con la única actualidad del diario rito,

masacrado por viles muchedumbres,

entre rumores que vulneran su silencio

y la quietud de algún sepulcro solitario. 

Babel de voces que nunca encontrarán

el punto del rencuentro y errantes

peregrinan los corredores del tiempo

desde el amanecer hasta el crepúsculo,

cuando el sol pesaroso lame las cúpulas

con su ungüento de mieles mortecinas.

Aglomeración de elementos y de eras

en el testimonio veneciano de sus piedras.

Conglomerado disperso que trajo el mar

y que luego divulgó el viento a lo remoto.

De costas olvidadas trajo un fundamento,

dejando que la historia urdiera en secreto

donde se conjugan lo fiero y lo sagrado,

la confianza de símbolo egregio,

sobre un azur de estrellas y de sueños.

Cae la sombra como un velo,

opacas se vuelven las jorobas de su techo,

mates los brillantes mármoles,

decolorados sus cromáticos juegos,

confusos los contornos de su geometría, 

imprecisos sus segmentos,

flotando en la noche su cuadriga.

Parece no tener explicación

el laberinto que congrega su diseño,

el recargado dibujo que fue creciendo

encubriendo batallas, traiciones y tristezas,

aromas de santidad entre piedras que pudría

el lastre de los siglos con malogradas victorias

y el indiferente trascurso de los días.

Descontento

Descontento

 Cuando entraste en la librería

( nadie diría que aquel encuentro

fue fortuito),  sentí que me había

 reconciliado con la providencia;

no esperaba que se abriera la puerta

de los deleites del deseo, tantos años

cerrada por la rutina del desengaño.

Lo más hondo de mí ansiaba dar el paso,

traspasar el vano de su promesa,

que se cumplieran al fin

tantas esperanzas incumplidas;

pero, por crucial el momento,

 mi voluntad no obedecía,

encadenada a un destino de letra impresa,

para quien el amor sólo 

es un argumento de novela.

La vida era un río que corría ajeno

tras de mi ventana, pero al que yo

no accedía, enrocado y marchito

tras mi torre de palabras,

de conveniencias y de terrores.

Parece tarde para el amor,

para recibir con bendición su milagro,

cuando su dulce gozo semeja anquilosado,

con el amargor de una colmena seca,

y el corazón velado de indiferencia.

EL GATO

EL GATO

 El gato sueña en el alfeizar,

sumido en su mismidad,

dejando pasar al tiempo indeleble.

En su gesto impertérrito

parece no haber voluntad:

<<mientras tranquilo me halle

que más me da lo demás>>

El gato no siente lo ido

ni lo que vendrá. Nada

quiebra su majestuosidad

de ídolo oriental. Nuestra

presencia y las sombras

no lo conturbarán. Si acaso

el viento que trae cierto olor,

el sigilo fugaz de algún roedor.

Coprologías (sólo un poema)

Coprologías (sólo un poema)

 Hay un momento cada día, cuando cago,

donde recuerdo que soy mortal;

que esos residuos son aciagos

y comparten concomitancia con lo fatal.

Su función nos tilda perecederos,

formados de elementos comunes

donde participamos compañeros

del excremento y lo vil. Runrunes

otros oiremos, porque alma en ellos anida,

pero cual a las heces será el hado,

irrevocable y servil, pudridero...

Y aunque en su carne y hueso se halla la vida,

por mucho que miremos hacia otro lado,

no separaremos lo corrupto de lo mortal

ni libraremos el cuerpo de su destino final