Desde algunos sectores ideológicos se aboga por un reparto justo e igualitario. Nos asalta una duda: Es lo igualitario justo?
Igualdad y justicia
ÁLBUM DE INCURSIONES HETERODOXAS EN NUESTRA CONTEMPORANEIDAD.
Desde algunos sectores ideológicos se aboga por un reparto justo e igualitario. Nos asalta una duda: Es lo igualitario justo?
Ni un Mañara ni un Tenorio he sido,
De mustio laurel se coronó mi fama.
Más que seductor fui seducido,
su modesto pasar mi leyenda proclama.
No compartí la suerte de Aquiles
ni cabe aguardar que mis días sean largos,
Fue mi afán no contar entre los viles
y un legado falto de frutos amargos.
Si algún mal hice lo purgó mi carne
con el peso de una larga desdicha;
lo mejor que supe apañé sus trizas.
Mi senda de la de Dios no se aparte
y prevalezca de la virtud su hambre,
deseo que vida noble garantiza.
Aún se teñía de grises la alborada,
cubría el monte una capa neblinosa
que envolvía la húmeda verdura.
La mañana se anunciaba con luz indecisa,
la mañana como pan reciente,
la mañana nos cernía sin promesas
abriendo los claros de los caminos,,
de los senderos entre boñigas de vaca,
que se volvían estrechos, cercados de maleza,
asediados por insectos; hacia un lado
marañas de eucaliptus, la marcha acompasada,
el peso del esfuerzo, el tiempo que resuelve
en aporía de Aquiles, sin limites
su laberinto. Habrá un momento donde acabe la jornada.
La lluvia arrecia. Todo parece incierto.
Al doblar un repecho, la calzada. El cielo
se hace más claro. Frente a nosotros, inesperado, el templo.
¡ Qué importa la lluvia, el fango, la ineludible carga!
Aún queda en el recuerdo
el cobijo de las barcas, la arena blanda,
la brisa adormecida en el rosa del crepúsculo.
Queríamos saber lo que encerraba
ese futuro por delante, quiénes seríamos,
sin una bola mágica,
mirando como augurio el romper de olas en la playa,
en unidad estrecha que recogiera el tiempo entero;
porque algo nos decía la incesante ondulación del agua,
su rumor remoto como el fondo de una concha,
el trecho de cielo que surcaba una gaviota,
el impostado ademán reflexivo, el humo del cigarrillo
que el viento llevaba raudo mientras inflamaba el ascua.
Abrazados a nuestra rodillas dejábamos que la tarde pasara,
como impávidos mascarones,
midiéndola con otro rigor que el del reloj en la pulsera,
siguiendo con los ojos la nubes que deshilachaban,
para posarlos luego en la luna
como en un lunar de plata que atería la sombra verdosa
de las aguas, y el cielo oscureciéndose plácido
sobre el yate anclado en la tersura marina
cual un alfiler de corbata,
perpendicular al horizontal paisaje
de ondulados pliegues.
Entonces sentíamos la tarde rendida,
los momentos que se llenaban de irrelevancia,
la arena que escapaba entre los dedos,
la pesadumbre de otra tarde malograda,
descreídos de que nuestra pequeñez
nunca podría contener del todo
esa plenitud precisa que nos hiciera dichosos.
Qué tedio volver a casa con las sombras ya instaladas
y encontrarse con las mismas vergüenzas rutinarias,
la mismas indolencias acumuladas,
el recuento de dudas que no se resolvían
la desesperanza...
desplomado en la cama con la mirada fija en el techo,
que imponía su límite de fatalidad y estatura,
rotas las ansias,
todavía vestidos, retomando los hábitos desgastados.
Porque nadie nos había dicho que salirse con la suya
era una forma de ir perdiéndose día a día,
como entrar al trapo de una vida desperdiciada
donde cualquier esperanza era lejana
pero creíamos, no obstante, que todo permanecería,
como el mismo sol que cada mañana levantaba
con los mismos inconvenientes en casa
tendiendo su trampa,
las amistades que no duraban,
el sueño de amor que se escapaba
con el semen entre las sábanas
y de nuevo todo comenzaba.
La mar. El día claro.
La brisa que acaricia.
Las huellas del camino.
El tiempo acompasado.
La mente que medita
el sueño de los años.
El sol es el testigo,
la realidad su sombra,
el existir enigma.
Delatará el silencio
su magnitud encriptada,
la infinidad de estrellas
que la mañana apaga.
Tendrán razón los ojos
sin escocer sus lágrimas,
la conciencia ausente
sin la palabra en ciernes...
su poso, la duda amarga.
El día. La mar. La soledad.
La calma.
Si yo tuviera esas respuestas
y conociera los secretos más ocultos
y comprendiera todo el dolor
que se recoge en un lágrima
y pudiera hacer caminar a los tullidos
o encender una luz en la tiniebla
pero no tengo ni oro ni plata
y carezco de cualquier poder sobre las cosas
mis manos están vacías
mis huesos cargados de años
mi esperanza despojada y el ánimo contrito
yo quisiera tener una rosa que ofrecerte
palpitantes sus tiernos pétalos
el color aún encendido y llena de fragancia
quisiera que esta dádiva contuviera
el firme pulso de la vida
el frescor de una lozana fruta
la potestad de una palabra
en la boca de el Mesías
Cielo de transparencia azul,
que proyectas tu reflejo
hasta el cristal del alma,
candente de mañana pura
cuando a la entraña penetras.
¡ Rasga con tu cuchillo de éter
esa ausencia que mi soledad
entrevera, hasta sajar en su tejido
el frío que las lágrimas dejan!
No importa el espacio distante que has visto,
sólo la profundidad a la que has bajado...
Indiferente sobre tus huesos estás tendido,
distraído el ánimo en la lectura del libro
que sostienes entre las manos como queriendo
atrapar el mundo con la mirada
que divaga en esa sombra que pasa.
Ya lejos quedan los episodios marciales,
los fieros lances y las heridas de batalla,
la muerte en las vegas de Granada;
te rodean las mórbidas estatuas familiares
de esa alcurnia que ya dejó su huella honda
en el tiempo y en la permanencia de las lápidas.
Mausoleo de inquietante silencio
y espectral transparencia en donde yaces
aguardando que ese mármol se haga vida,
en el rigor montañés del corazón de España.
La victoria ya la tienes, por tu espada
de merecidos galardones; por tu fama
inscrita en ese libro donde lees lo efímero
de nuestra vida pasajera y descubres
la condición de los pueblos y las gentes.
El hombre es vida de la tierra,
no sombra del asfalto.
Criatura de sol y de agua,
de raíces afianzadas como árboles.
La mañana levanta el aliento
de la tierra en su pálpito;
vienen aromas dispersos,
ecos amortiguados entre silencios,
adolescencia de sueños.
Nada parece alterar la paz
de ese cementerio
donde los huesos gozan el reposo
esperando su momento.