Concédeme el perdón
permite que tu lástima
enjugue mis lamentos,
que mi corazón se abra
al deleite de tenerte,
que la grosura de su verbo
aflore a mi garganta,
y la palabra amable
endulce mi amargura..
ÁLBUM DE INCURSIONES HETERODOXAS EN NUESTRA CONTEMPORANEIDAD.
Concédeme el perdón
permite que tu lástima
enjugue mis lamentos,
que mi corazón se abra
al deleite de tenerte,
que la grosura de su verbo
aflore a mi garganta,
y la palabra amable
endulce mi amargura..
El mar, en olas mansas,
Trae una brisa de recuerdos
dolientes de primavera,
De otoños de ceniza.
Porque sólo el rastro del dolor
Demarca el margen
De lo efímero, toma
Conciencia de orfandad.
Mi poesía viene de la soledad,
no se la encuentra en la compañía.
Surge de su seno a pleno pulmón
y se propaga como el grito, en la distancia.
Su llama anida en el corazón,
forjada en el crisol de su verdad,
donde no cabe engaño o palabra huera,
falacia, ardid ni altanería.
Su voz busca oídos que la oigan,
complacencia en el alma estremecida,
entraña fértil donde germinar,
silencio que con su numen redima.
No he encontrado pareja
que acompañe mis días y mis pasos;
la única lealtad cierta
es la soledad. Furtivo,
escucho su respirar;
su latido sordo en las noches,
cuando me estrecha su mano de ausencia,
con huérfano signo de amistad.
Pienso que algún día doblaré
la esquina de la soledad,
para transitar la calle
con grata compañía
o pasear de otro brazo por el malecón,
afrontando el viento de diciembre,
aterido bajo el abrigo,
contemplando la braveza del mar,
o escuchando el ruido solidario
de unos pasos, que conmigo van.
Procurad no marchitar la esperanza
con la copa del pesimismo,
porque ¿ qué objeto tiene la vida
cuando la muerte es la esperanza?
La luz despierta el alma del mar,
la llena de ensueños, de promesas,
de melancolía, de olas que se alzan
y sucumben en espumas
espontáneas con coralino bullir .
Por fin, avanzando la mañana,
el sol derrama todo el esplendor
sobre la inquieta extensión de plata,
con el nervio marino reconociendo
la frescura de la brisa, agitando
espumas que luchan contra las rocas
como adversos elementos
que buscan la reunión tras la discordia.
Materias encontradas
como cuerpos entregados
que aguardan los frutos amorosos
con frenesí de besos blancos,
de abrazos azulados, remolinos
que estrechan el cuerpo de su confín.
Ya los rayos lamen la piedra húmeda
de la escollera, su brazo prominente
penetra el seno de agua
y apunta a las nubes preñadas
de levante, mientras en sus relieves,
pacientes, vigilan los cormoranes.
Olas de incesante galopar
se mezclan en tonos de acuarela
revelando el secreto de marino azul,
su impenetrable profundidad de abismo,
moradas de silencio donde el tiempo
deshilacha sus segmentos
en el vértigo eterno de su densidad.
Caricia de mar, de sol temprano
cuando aún el día no enseña su calado
y la mirada se colma de celajes
y brillos, de indecisas lejanías
donde la lluvia se anuncia
y el viento impulsa las ráfagas
y el sol irradia la ternura del efebo.
Playa de otoñal melancolía
(salvo alguna presencia solitaria),
de arenas blandas, que en rachas
el aire barre. Canción arcaica
de sonido originario, extensión
convulsa de materia, rumorosas olas,
silbar del céfiro, crujir de rocas
que el astro abrasa. Mañana blanca,
humedecida aún por lluvia que escampa;
la lontananza de mar inmenso
circundado de montañas; inabarcable cielo
que aún recuerda de la noche los luceros.
Color y geometría. Superlativos planos
donde los elementos se conjugan.
A esa alma que a mí alma ha desdeñado,
por qué la aguardo aceptando su desdén.
Ese anhelo que mis días malograron
y en la espera de las noches perdió su fe.
De esos besos que mis labios no gustaron
y de ese abrazo que nunca me estrechó,
jamás su ausencia los sueños completaron
ni el recelo de perderla mermó su temor.
Esos días son recuerdos malgastados,
decididos propósitos que nunca dieron a luz
y cuya urgencia tantea con dedos desesperados
la presencia que ansiaron y nunca llenaste tú.
Ese afán con que persigo,
esa pugna extraordinaria,
en el tiempo que no cae
como hoja que el viento arrastra.
Esa franja bermeja que alarga
embebiéndose de tarde candente,
mientras escucha un oboe distante,
Como un presentimiento vago,
de esos pasos que cruzan
alarmando en lo íntimo del alma,
con un eco de nostalgias,
con rumor de palabras contritas
trituradas entre lágrimas.
¿ Me llamará mañana
esa voz que hace tiempo
no siento, compartirá
conmigo complaciente compañía?
Hay quien dice que oí
rumor de pájaros, arrullos
de paloma retozando en la ventana,
o ¿ era la soledad de la mañana?
Pero no sé quién lo dijo,
ni si verdaderamente lo oí.
Hay quien cree que estoy perdido,
que me tiene atrapado
ese tejido de sueños,
volubles como auspicios,
jadeos, leve murmullo de palabras,
suspiros que no se llega a articular
y no dejan de ser viento,
ilusiones, esperanzas,
memorias de viejos pergaminos,
sonidos sin significados vivos...
Alguna vez he soñado
que caminaba desnudo,
y todos, a mí paso,
se fijaban en la lacra
de mi impúdica nudez.
Porque, por encontrarte,
mi alma he desnudado;
pero al no sentirse
por tu amor arropada,
se ha creído blanco
de todas las miradas,
rea de muchas culpas,
por toda puya escarniada
huérfana...en soledad
Sentirse presa indefensa
entre las garras de ese anhelo
y someterse al servicio
de su influjo en lo secreto
cumple la ceremonia de mi credo.
Persigo ese rastro venerado
en el laberinto del afecto,
su resplandor en el misterio
solapado de la entraña.
Apagar en él esa sed que sólo sacia
El dulce flujo de esa fuente
cristalina y mansa.