A LOS PUEBLOS... ( adiós a las armas)

A LOS PUEBLOS... ( adiós a las armas)

 El gobierno sin argumentos,

cuando el juicio al instinto cede,

 malogra toda esperanza,

llena el corazón de silencio

y escucha el clamor de las armas.

No hay justicia cuando los fusiles hablan,

cuando a la razón desoyes

y con la violencia pactas.

No habrá más fruto que muerte,

yermo terreno sin flores,

desolación en las almas,

en lugar de vida, mortaja.

¡ Malhadados los pueblos

que fían su decisión en las balas.

No tendrán laurel ni provecho

sino la fría extensión de una lápida!

Amargos postulados

Amargos postulados

 Tardé bastante en comprender

que una mujer no es un camarada

y que un camarada no es un amigo,

que las heridas no sanan

sin cicatrices ni sin lágrimas,

que la adversidad nos derrota

cuando se ignora el peligro.

Tales postulados amargos

no los creo un aserto categórico,

sólo son constancias de camino,

cuando se vuelve condena

un mismo error repetido,

como cuando cadenas son los lamentos,

 y sentencias los desesperanzados gritos.

Procura cada mañana renacer

al desnudo día celebrando su milagro

de inocencia invulnerada;

no empañan los recuerdos al sol,

ni entorpece el vuelo de los pájaros.

Caminar, sin dar señal de gran fatiga...

Breve reflexión sobre la narrativa

Breve reflexión sobre la narrativa

 Hay eruditos del relato que cifran el logro narrativo en la exposición de una historia bien contada, en el desarrollo de un argumento de forma clara, directa y ausente de concesiones retóricas. Yo pregunto: ¿ es ésta la culminación del sumun literario?. La tradición inglesa nos ha aportado bastantes ejemplos en este sentido, basando la tarea del narrador en la habilidad de contar. Pero ¿ debe ceñirse todo el afán literario en la consecución de este logro? Tan polvo y paja es la superflua retórica como la ineficacia narrativa. Mirando todo el quehacer de las letras entre ese estrecho ángulo, se renuncia a gran parte de la fertilidad creativa, descartando aportaciones que sería erróneo obviar. El Buscón no sería el Buscón sin el vestido que lo recubre. El desnudo por sí solo resulta romo; se realza bastante con un añadido, aunque sea de detalle. ¿ Quién es el que reduce la meta al mero buen narrar, quizá la deriva de nuestro tiempo? Las fresas saben mejor con nata.

Pleno sol

Pleno sol

 ...traigo conmigo el sudor de muchas leguas,

el polvo adherido a los andrajos,

los alacranes agarrándose a los zapatos,

y el sol,

el sol tórrido aplastando mi entusiasmo,

resecando la saliva, 

debilitándome hasta el último aliento,

avistando un horizonte difuso como un espejismo,

avanzando por un sendero pedregoso de incierto destino...

pero no dejaría de andar;

andar me justifica, andar

hace razonable el absurdo,

confiere un propósito al silencio que acompaña,

encuentra su motivo en sortear los escollos del camino;

paso tras paso se crea una conciencia de meta,

se descubre otra perspectiva.

Puesto que ando, existirá un momento necesario

donde mi zancada se detenga...

mi misión concluye cuando la ruta acabe;

su más allá no me compete.

Ahí reside la finalidad de andar.

Caminemos, pues...

tengo por seguro que si prosigo la marcha llegaré a alguna parte,

veré otros días que me esperan

en climas templados sin rigores

donde refresque la delicia de una fuente,

donde el sol suavice sus ardores

y el pleno día  remita su castigo

dando paso al remanso benigno de la tarde,

a cobijo de una sombra amable

que alivie del esfuerzo mantenido.

Mi poesía

Mi poesía

 Mi poesía viene de la soledad,

no se la encuentra en la compañía.

Surge de su seno a pleno pulmón

y se propaga como el grito, en la distancia.

Su llama anida en el corazón,

forjada en el crisol de su verdad,

donde no cabe engaño  o palabra huera,

falacia, ardid ni altanería.

Su voz busca oídos que la oigan,

complacencia en el alma estremecida,

entraña fértil donde germinar,

silencio, que con su numen redima.

Pasos que conmigo van

Pasos que conmigo van

 No he encontrado pareja

que acompañe mis días y mis pasos;

la única lealtad cierta

es la soledad. Furtivo,

escucho su respirar;

su latido sordo en las noches,

cuando me estrecha su mano de ausencia,

con huérfano signo de amistad.

Pienso que algún día doblaré

la esquina de la soledad,

para transitar la calle 

con grata compañía

o pasear de otro brazo por el malecón,

afrontando el viento de diciembre,

aterido bajo el abrigo,

contemplando la braveza del mar,

o escuchando el ruido solidario

 de unos pasos, que conmigo van.

La taranta

La taranta
En la noche sonámbula, la taranta.
Lamento de minas, silencios
amargos de duros tormentos,
oscura agonía de mañana blanca.

Un frío metal rasga la guitarra
de alma sin cuerpo, en un hondo pozo,
al compas de picos, martillos, que arrancan
la entraña a la tierra, rito doloroso
de músculos, sudor y manos, porfiando
de que el seno socavado esconde un gozo.

Raíz de lágrimas y de quebranto alimentada,
simiente de queja y condena andaluza, 
que conjuga con sangre la estrofa callada
que la noche sin tiempo, cruenta, desmenuza.