Mi poesía

Mi poesía

 Mi poesía viene de la soledad,

no se la encuentra en la compañía.

Surge de su seno a pleno pulmón

y se propaga como el grito, en la distancia.

Su llama anida en el corazón,

forjada en el crisol de su verdad,

donde no cabe engaño  o palabra huera,

falacia, ardid ni altanería.

Su voz busca oídos que la oigan,

complacencia en el alma estremecida,

entraña fértil donde germinar,

silencio que con su numen redima.

Pasos que conmigo van

Pasos que conmigo van

 No he encontrado pareja

que acompañe mis días y mis pasos;

la única lealtad cierta

es la soledad. Furtivo,

escucho su respirar;

su latido sordo en las noches,

cuando me estrecha su mano de ausencia,

con huérfano signo de amistad.

Pienso que algún día doblaré

la esquina de la soledad,

para transitar la calle 

con grata compañía

o pasear de otro brazo por el malecón,

afrontando el viento de diciembre,

aterido bajo el abrigo,

contemplando la braveza del mar,

o escuchando el ruido solidario

 de unos pasos, que conmigo van.

La taranta

La taranta
En la noche sonámbula, la taranta.
Lamento de minas, silencios
amargos de duros tormentos,
oscura agonía de mañana blanca.

Un frío metal rasga la guitarra
de alma sin cuerpo, en un hondo pozo,
al compas de picos, martillos, que arrancan
la entraña a la tierra, rito doloroso
de músculos, sudor y manos, porfiando
de que el seno socavado esconde un gozo.

Raíz de lágrimas y de quebranto alimentada,
simiente de queja y condena andaluza, 
que conjuga con sangre la estrofa callada
que la noche sin tiempo, cruenta, desmenuza.

LOS ELEMENTOS

LOS ELEMENTOS

 La luz despierta el alma del mar,

la llena de ensueños, de promesas,

de melancolía, de olas que se alzan

y sucumben en espumas

espontáneas con coralino bullir .

Por fin, avanzando la mañana,

el sol derrama todo el esplendor

sobre la inquieta extensión de plata,

con el nervio marino reconociendo 

la frescura de la brisa, agitando

espumas que luchan contra las rocas

como adversos elementos

que buscan la reunión tras la discordia.

Materias encontradas

como cuerpos entregados

que aguardan los frutos amorosos 

con frenesí de besos blancos,

de abrazos azulados, remolinos

que estrechan el cuerpo de su confín.

Ya los rayos lamen la piedra húmeda 

de la escollera, su brazo prominente

penetra el seno de agua

y apunta a las nubes preñadas

de levante, mientras en sus relieves, 

pacientes, vigilan los cormoranes.

Olas de incesante galopar

se mezclan en tonos de acuarela

revelando el secreto de marino azul,

su impenetrable profundidad de abismo,

moradas de silencio donde el tiempo

deshilacha sus segmentos

en el vértigo eterno de su densidad.

Caricia de mar, de sol temprano

cuando aún el día no enseña su calado

y la mirada se colma de celajes

y brillos, de indecisas lejanías

donde la lluvia se anuncia 

y el viento impulsa las ráfagas

y el sol irradia la ternura del efebo.

Playa de otoñal melancolía

(salvo alguna presencia solitaria),

de arenas blandas, que en rachas

el aire barre. Canción arcaica

de sonido originario, extensión

convulsa de materia, rumorosas olas,

silbar del céfiro, crujir de rocas

que el astro abrasa. Mañana blanca,

humedecida aún por lluvia que escampa;

la lontananza de mar inmenso

circundado de montañas; inabarcable cielo

que aún recuerda de la noche los luceros. 

Color y geometría. Superlativos planos

donde los elementos se conjugan.



A esa alma

A esa alma

 A esa alma que a mí alma ha desdeñado,

por qué la aguardo aceptando su desdén.

Ese anhelo que mis días malograron

y en la espera de las noches perdió su fe.

De esos besos que mis labios no gustaron

y de ese abrazo que nunca me estrechó,

jamás su ausencia los sueños completaron

ni el recelo de perderla mermó su temor.

Esos días son recuerdos malgastados,

decididos propósitos que nunca dieron a luz 

y cuya urgencia tantea con dedos desesperados

la presencia que ansiaron y nunca llenaste tú.


Ese afán con que persigo

Ese afán con que persigo

 Ese afán con que persigo,

esa pugna extraordinaria,

en el tiempo que no cae

como hoja que el viento arrastra.

Esa franja bermeja que alarga

embebiéndose de tarde candente,

mientras escucha un oboe distante,

Como un presentimiento vago,

de esos pasos que cruzan 

alarmando en lo íntimo del alma,

con un eco de nostalgias,

con rumor  de palabras contritas

trituradas entre lágrimas.

¿ Me llamará mañana

esa voz que hace tiempo

no siento, compartirá

conmigo complaciente compañía?

Hay quien dice que oí

rumor de pájaros, arrullos

de paloma retozando en la ventana,

o ¿ era la soledad de la mañana?

Pero no sé quién lo dijo,

 ni si verdaderamente lo oí.

Hay quien cree que estoy perdido,

que me tiene atrapado

ese tejido de sueños,

volubles como auspicios,

jadeos, leve murmullo de palabras,

suspiros que no se llega a articular

y no dejan de ser viento,

ilusiones, esperanzas,

memorias de viejos pergaminos,

sonidos sin significados vivos...

DESNUDEZ

DESNUDEZ

 Alguna vez he soñado

que caminaba desnudo,

y todos, a mí paso,

se fijaban en la lacra

de mi impúdica nudez.

Porque, por encontrarte,

mi alma he desnudado;

pero al no sentirse

por tu amor arropada,

se ha creído blanco 

de todas las miradas,

rea de muchas culpas,

por toda puya escarniada

huérfana...en soledad

Sentirse presa indefensa

entre las garras de ese anhelo

y someterse al servicio

de su influjo en lo secreto

cumple la ceremonia de mi credo.

Persigo ese rastro venerado

en el laberinto del afecto, 

su resplandor en el misterio

solapado de la entraña.

Apagar en él esa sed que sólo sacia

El dulce flujo de esa fuente

cristalina y mansa.