Indiferente sobre tus huesos estás tendido
distraído el ánimo en la lectura del libro
que sostienes entre las manos como queriendo
atrapar el mundo mientras la mirada
divaga en esa sombra que pasa.
Ya lejos quedan los episodios marciales,
los fieros lances y las heridas de batalla;
te rodean las mórbidas estatuas familiares
de esa alcurnia que ya dejó su huella honda
en el tiempo y en la permanencia de las lápidas.
Mausoleo de inquietante silencio
y espectral transparencia en donde yaces
aguardando que ese mármol se haga vida,
en el rigor montañés del corazón de España.
La victoria ya la tienes, por tu espada
de merecidos galardones; por tu fama
inscrita en ese libro donde lees lo efímero
de nuestra vida pasajera y descubres
la condición de los pueblos y los hombres.





