A un viejo amor

Por entonces yo no sabía
que era el vivo retrato de Janis Joplin:
Voluble, fondona, viciosa.
Tenía la misma edad
que cuando la Joplin la diñó.
Cierto que no tenía su voz,
y no sé si, en mi ceguera,
albergara cualquier otra virtud.
Era alcohólica y tripera,
alardeaba de lesbiana,
y no sé cuántas desgracias más.
La amé a pesar de su miseria;
la amé a costa de las mías.
Corrompí en su barro
lo que me restaba de pureza.
Al despedirnos, ni nos dijimos adiós.

Guerra o pandemia

Guerra o pandemia
Los últimos discursos de Sánchez no dejan de suscitar ciertas susceptibilidades cuando no incipientes bambollas. El cariz bélico de sus mensajes deja a sus oyentes algo perplejos. Deben preguntarse: ¿Sabrá algo Sánchez que los demás desconocemos? España es un país en estado de excepción, con el ejército y la policía desplegando el mayor celo. Los 20.000 muertos hasta el momento no son pecatta minuta. Desconozco las estadísticas de fallecidos durante la guerra civil, pero me atrevería a asegurar que en comparación con las del coronavirus las cifras no discrepan mucho. Con los soldados muertos en el frente debe cotejarse una cifra pareja si se comparan ambas catástrofes. Si esto es una guerra, ¿quién es el enemigo, una potencia extranjera, la naturaleza, Dios? Teológicamente Dios queda descartado, pues es nuestro Padre, amantísimo de su criatura, y en tal caso la pandemia la habría permitido Dios para reprendernos a causa de nuestra desobediencia? Dios aparte, resulta discutible que la naturaleza haya engendrado un depredator tan virulento y con un tan alto índice de letalidad. Habría que oír a científicos y sanitarios explicándose sobre las posibilidades patológicas de un virus surgido por generación espontánea. En cuanto al tercer factor, Trump sigue sin perder el ojo de China. Bueno, Trump y todos los adversarios de ese régimen sobreviviente del comunismo jurásico.
El caso es que Sánchez no se corta un pelo en su jerga belicista, frente a las llamadas de atención de sus aliados parlamentarios y hasta de su mismo vicepresidente, que ha salido al paso censurando el estilo belicista de sus coaligados y apostando por la consigna de una entrega humanitaria de las batas blancas, cual cruzada bienhechora de cruz roja. ¿Sera en el fondo Iglesias un comunista místico, y no ese comandante bolivariano que se arroja sobre el enemigo capitalista al grito de Patria o Muerte?

Coronavirus: ¿Una guerra no declarada?

Coronavirus: ¿Una guerra no declarada?
Durante el discurso con el cual Sánchez instauró el "estado de alarma", el mismo insinuó, no sabemos si de forma literal o figurada, que nos enfrentábamos a una "guerra contra un enemigo invisible". Frase a propósito de la cual, en la última comparecencia en el congreso, el portavoz del PNV le recordó que no era un símil muy afortunado. Reconozco que encontrar a alguien a quien también inquietó tal afirmación, me tranquilizó. Pero hoy, día de Pascua de Resurrección, tras un consejo celebrado con las comunidades autónomas, en su discurso el presidente ha repetido no una sino varias veces la analogía de nuestra situación actual con la de conflicto bélico. Doy, pues, por hecho que esto es una guerra. Por otro lado, la población se halla confinada en los refugios, y policía y ejército campean en las calles, aunque armados con mascarillas y con fumigadores antisépticos,  y muchos de los derechos democráticos permanecen en cuarentena. La libertad  ha cedido el paso a la obediencia.. Pero una guerra parte de la premisa de que hay dos partes enfrentadas, la nuestra y la del enemigo. Para vencer en la guerra hay que conocer a fondo al adversario, descubrir dónde se encuentran sus debilidades y atacar con toda la potencia de nuestra artillería sobre sus zonas vulnerables. Pero el presidente Sánchez nos ha planteado una guerra de supervivencia, dándose por vencido desde el primer momento y evaluando el recuento de muertos. Si hay una guerra, lo primero es averiguar de dónde y en base a qué proviene el ataque que ha originado el conflicto, y si nos hallamos en situación de repeler la ofensiva o en la de atenernos a la vía diplomática para establecer un armisticio.
Hoy por las redes circulan eso que el gobierno denomina bulos. Hay muchas opiniones que se hacen eco de las mismas preguntas que yo, e intentan perfilar las facciones de este "enemigo invisible". Se siente inquietud y perplejidad ante la evidencia de que frente a un mundo globalmente contaminado, China, a excepción de Wuhan, se mantenga limpia del virus y la ciudadanía siga con su vida normal. ¿Es ello natural, o la situación esconde algún intringulis?
También hoy ha salido a la palestra Henry Kishinger, hablándonos de un futuro nuevo mundo global, con la población más controlada que por internet. Junto a Kishinger se han escuchado los nombres de Morgan, Rosthchild, Rokefeller, Soros, y Bill Gates y sus vacunas, proponiendo sus patéticas soluciones. Señores déjense de experimentos sin gaseosa y devuélvannos el mundo que fuimos, en el que aunque pobres éramos dignos seres humanos y no conejillos de indias.


Tsajená

Tsajená
Oigo una sonata en la madrugada..
Mi madre duerme su sueño,
ajena a la realidad apocalíptica,
longeva y vulnerable.
Parte del mundo se nos muere,
en medio de un fúnebre escrutinio.
La huesuda mano de la muerte
maneja su guadaña eficiente,
segando la abundancia de vida
como el frágil tallo de la flor.
Reclamo un consuelo desde el cielo
y releo el salmo 91,
cuyos versos traen algo de paz:
Caerán a tu lado mil,
y diez mil a tu diestra.
Pero a ti no vendrá mal.
Tal es la promesa del Señor.
Se especula que en la China
 han  muerto por millones;
por miles agonizan en Europa,
la misma plaga asola América.
Si esto es una guerra,
muestre su declaración el enemigo.
Si es el fin quien llama a la puerta,
invoquemos la misericordia  de Dios.
No sé, me faltan las palabras.
Será el prolongado encierro,
el futuro inseguro  que amenaza.
Ya nada será igual, ni en Alicante,
ni en Venecia ni en Tahití.
A la evasión del viaje
se ha impuesto la clausura en el hogar.
En esta soledad
hay viejos claustros que evoco,
de Toledo, Salamanca, 
Véneto o Bretaña.
Una ardiente lágrima
resbala por mi cara
y filtra su amargura entre mis labios.
Tengo sed,
una sed que no sacia ni el agua ni el licor,
una sed de desmesura, 
una sed de fresca fuente de eternidad.

No moversus

No moversus
Se nos ha venido encima la hecatombe. Ni Trump sabe cómo se la han colao. Por el rabillo del ojo mira a los chinos ¿Habrá gato encerrao? En España Sánchez declara la guerra a un enemigo invisible, pero ¿será tan transparente su enemistad? Respiro con alivio al ver que el congreso se ha movido. Cuando el ejército y la policía campean la calle es que se ha acabado el estado del bienestar, y cumple el instinto de supervivencia. Tuve conciencia de él por el tumulto organizado en Mercadona, con las estanterías desabastecidas y el personal dominado por el pánico. Me pongo gel alcohólico por si acaso y me embozo tras la mascarilla, pues cuando el río suena, agua lleva.  Se nos ha venido el virus encima como una plaga de langosta. La cosa debe de ser grave cuando los judíos evocan el triunfo de su libertad en Egipto. Y la verdad es que nos espera por delante un periplo análogo a los 40 años por el desierto para alcanzar la tierra prometida. No sé si los americanos nos sacaran de ésta como en la segunda guerra mundial. La cosa no va de tiros, sino de cuarentenas clínicas. Quien descubra la vacuna alcanzara el pleno del mundomillón. No sé si las medidas de Sánchez son eficaces frente a este enemigo desconocido. Porque Sánchez declaró la guerra, no sabemos si literalmente o en sentido figurado. ¿Habrá un enemigo oculto aunque real? Entretanto, se siguen acumulando los muertos ocasionados por la gripecigna, según el señor Bolsonaro.
Sánchez ha apretado los dientes contra la adversidad, nos reta a demostrar ese "valor" que se nos supone. Un parado pregunta si se le obligará a trabajar sí o sí en tareas agrícolas, debido a la coyuntura. El pánico del coronavirus ha puesto en jaque nuestras quimeras de libertad. Cierto que estamos en un régimen democrático, pero...No sé si llegaremos a San Juan con la epidemia controlada. Haría falta hombres de la talla del sargento de mi compañía durante la mili, que ante cualquier amago de insubordinación, conminaba: ¡No moversus!

La vida en cuarentena

La vida en cuarentena
Un solitario vaporeto surca el Gran Canal
en torno aún cerco de muerte. Leo a Schiller.
Mientras el mundo se ahoga en agonía,
se desvanece en las conciencias
el espejismo de la libertad,
por la que tanto batalló el poeta.
Hoy somos sujetos pacientes de un mecanismo
cuyos engranajes hay que aceitar
para que su marcha sea lineal y acompasada.
La Res publica se antepone a la  Res privata.
Es entonces cuando el ser
se resuelve en estadística.
Se es positivo o negativo,
asintomático o de riesgo,
contagiado o  ya cadáver.
En esta tarde confinada,
vegeta cada vida en cuarentena
y tan solo un solitario vaporeto surca el Gran Canal.

El palazzo Colonna

El palazzo Colonna
Veo un reportaje por You Tube del palazzo Colonna, en Roma. Me ha pillado por sorpresa. En las varias ocasiones que he visitado la capital de Italia, nunca descubrí tan significativo palacio. Se encuentra ubicado en el Quirinal, zona que nunca he recorrido a fondo. La fastuosa mansión parece que fue erigida para conmemorar las glorias del más afamado de los Colonna, Marco Antonio, vencedor de Lepanto, comandante de la escuadra  de la Santa Liga. No obstante, los Colonna hunden sus raíces hasta la antigüedad más clásica. Seguramente, en su tronco genealógico nos encontremos con algún renombrado patricio romano ( hay quien los remonta hasta la gens Julia), como sus adversarios Orsinis celebraban su parentesco con un tal Ursus.  Hubo un tiempo en que ambas familias dominaron Roma. Estaban ellos y el Papa, y de vez en cuando el emperador, que cuando tenía posibilidad metía allí sus narices. Los Colonnas dieron generales, papas, cardenales, consortes. En dos ocasiones se vieron apeados de la vorágine política romana, una con Cola di Rienzi; la otra con César Borgia. Ambos trataron de fulminarlos, pero los Colonna supieron resistir. Su estirpe estaba demasiado arraigada en el suelo romano. Rienzi fue ajusticiado y decapitado; Borgia expulsado de Roma con ayuda de los della Rovere. Cuando Wagner se encontraba embelesado con Bellini, compuso su primera gran ópera: Rienzi. En ella, contrastaban las abaritonadas voces de Colonnas y Orsinis.
Los Colonnas dieron un Papa, Martin V, cuya labor al frente del pontificado obedeció a las características de la época, condicionadas por el interés político  y terrenal más que por el espiritual. Convocó varios concilios cuyo fruto fue discutible. La espiritualidad familiar tuvo sin embargo su ápice  por la rama femenina, con Vittoria Colonna, implicada en una profunda intriga para la reforma de la iglesia, cuyas ideas ganaron al mismo Miguel Ángel para la causa. No estaría demás una novela sobre los Colonna como lo fue Bomarzo para los Orsini. Aunque para ello se necesitaría un genio como el de Mujica Lainez para llevarla a cabo. Sin embargo, material hay para el asunto. En definitiva, el palacio Colonna presenta el lujo que atesoran muchos de los más afamados palacios romanos, como el Farnesio o el Doria-Panphilli. Rodean la mansión unos deliciosos jardines, la decoración interior es exultante y no falta la columna, al modo romano, donde la nobleza familiar ha grabado sus más relevantes gestas.