Versos tristes que escribir

Versos tristes que escribir

 puedo escribir los versos más tristes esta noche...

escribir por ejemplo: los candentes amoríos enfriaron ya su llama

y siento sus impulsos prestos a desfallecer.

De aquella pasión sólo prevalecen tibias ascuas,

el recuerdo de un pecho donde no cabía un corazón,

el resquemor de un desengaño confesado frente al mar,

como buscando un consuelo en su rumor.

Su fuego ya no devora mis instintos, es verdad,

pero su memoria aún anima mis nostalgias con calor.

Hoy he paseado por las calles donde antaño

me enervaban fragantes sus jardines

y un augurio me dictaba:  hoy la puedo conquistar.

Pero pronto advierto el ensueño momentáneo

pues el sol es ahora ya más viejo y sus rayos

parecen no irradiar con la misma intensidad;

ya no te tropiezo de regreso de la escuela,

ni de lejos te sorprendo asomada en el balcón

ni coincidimos en el bar donde tu ronda me llevaba.

De todo eso ya no queda nada,

acaso el doliente suspirar, 

la certeza del tiempo que se va o la añoranza

tal vez de que el frio rescoldo se torne llama

y la fatiga de la vida frenesí.

Porque quisiera en esta noche

no tener versos tan tristes que escribir.


El Numen

El Numen

 En los tiempos de sequía literaria, queda el recurso de la lectura. Parece que a raíz de la recién ganada libertad, se ha agostado el fruto de la inspiración. Ésta nace de cierta predisposición  psicológica, sin la que no se puede vivir sin sus aportes. Cuando no escribo, siento la vida malgastada; es más, siento como un desvalimiento interior; de modo que tal ejercicio me sirve como ancla, timón, contrafuerte. Escribir se ha convertido ya en una necesidad, y cuando no lo hago, es tan fatal para mi metabolismo como dejar de comer.  Suplo tales carencias con paseos frecuentes por la playa y otras distracciones, o entregándome aplicado a la lectura. Con ésta consigo mitigar la inspiración estéril, y me conforto, últimamente, leyendo las biografías de Zweig sobre poetas tan geniales como desafortunados. Leí las tres de "La lucha contra el demonio". Me pareció lograda la de Hörderlin; en cambio, la de Nietzsche la encontré algo retoricista. Continuando con tal obstinación, di en las redes con una edición económica de la que escribió el autor austriaco sobre Balzac. Con ésta, se ciñe más al género y olvida el talante disertatorio . En ella, nos reencontramos con la vida desaforada del autor de la Comedia humana, contraria a la "Divina", pues en ella se nos escapan las dimensiones celestes, restringiéndosenos en los círculos purgatorioinfernales. Cualquier escritor sueña con ser un Balzac, contar con al menos un poco de su voluntad, y crear una obra prolija cuando menos. Mi problema en tal asunto, es carecer de la desmesurada obcecación que facilitó a Balzac engendrar el vasto universo de su "Comedia".  Los hijos de la segunda cincuentena de siglo XX hemos sido criados bajo más blandas disciplinas, incluso se nos recomendó la indolencia, creciendo como una generación inútil y frustrada, a la que los logros titánicos de Hugos y Balzacs nos parecen inasequibles. ¡Roguemos al cielo que el Numen no nos abandone por mucho tiempo!