Los versos del capitán, de Neruda

Los versos del capitán, de Neruda

 Hoy he comprado una edición de segunda mano de Los versos del capitán, de Pablo Neruda. Parece ser que la primera edición se publicó sin la firma del autor, osease sin el hombre del autor en la portada. El libro nos viene a recordar sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, sólo que estos versos con galones parecen estar dedicados a una sola mujer y a un único amor compartido. Curiosamente se publican después de su poemario más ambicioso, El canto general. Nacen de su relación con Matilde Urrutia, antes de su ruptura con Celia del Carril. Poseen, por tanto, tales estrofas una conciencia adulterina, aunque en ellas parezca renovarse el amor. Reconozco en su desarrollo la fertilidad de la pluma de Neruda que sabe exprimir el máximo jugo de sus vivencias.

Yo, que ya rondo los setenta, advierto que dedicar un libro entero a una sola mujer resulta algo indecoroso, tal vez abrumador, redundante cuando menos. Y es que a estas edades lo del enamoramiento se presenta como un recuerdo vago de otros tiempos, como una piedra en la que se evita volver a tropezar, y que si, pese a todo, se diera nuevamente carecería del fuego devorador que reviste en la juventud. Me parece excesivo dedicar por entero un libro de poemas a una sola mujer, no por una reserva ante la sentimentalidad del poeta, sino no por consideración al lector, que quizá juzgue monótono abundar en una misma emoción, con reiteraciones que acaso resulten faltas de tacto o acaso presuntuosas.

Palabras insepultas

Palabras insepultas

 Sé que el recuerdo sepulta las palabras

pero su médula se incrusta

en lo callado y allí permanece

hasta que la voz, sin quererlo, la emite.

No puede callar la queja, ni solapar tristeza,

no puede ignorar la dicha, tampoco

la esperanza cuya fe abraza, la nostalgia 

de momentos que justificaron lo amargo,

la llama ávida del deseo, la resonancia

de su voluntad en la garganta, el grito

desesperado con que alcanzar lo cósmico,

la miel del amor en la flor de los labios,

lo no nombrado en el alma de un verso.


Retrato

Retrato

 Ni un Mañara ni un Tenorio he sido,

De mustio laurel se coronó mi fama.

Más que seductor fui seducido,

su modesto pasar mi leyenda proclama.


No compartí la suerte de Aquiles 

ni cabe aguardar que mis días sean largos,

Fue mi afán no contar entre los viles

y un legado falto de frutos amargos.


Si algún mal hice lo purgó mi carne

con el peso largo de la desdicha.

Lo mejor que supe apañé sus trizas.


Que mi sendero de Dios no se aparte

y prevalezca de la virtud su hambre,

deseo que vida noble garantiza.



Visión

 Visión

 Aún se teñía de grises la alborada,

cubría el monte una capa neblinosa

que envolvía la húmeda verdura.

La mañana se anunciaba con luz indecisa,

la mañana como pan reciente,

la mañana nos cernía sin promesas

abriendo los claros de los caminos,

de los senderos entre boñigas de vaca,

que se estrechaban, cercados de maleza,

asediados por insectos; hacia un lado

marañas de eucaliptus, la marcha acompasada,

el peso del esfuerzo, el tiempo que resuelve

en aporía de Aquiles, sin limites

su laberinto. 

Habrá un momento donde acabe la jornada.

La lluvia arrecia. Todo parece incierto.

Al doblar un repecho, la calzada. El cielo

se hace más claro. Frente a nosotros, inesperado, el templo.

¡ Qué importa la lluvia, el fango, la ineludible carga!

Aún queda en el recuerdo

Aún queda en el recuerdo

 Aún queda en el recuerdo

el cobijo de las barcas, la arena blanda,

la brisa adormecida en el rosa del crepúsculo.

Queríamos saber lo que encerraba

ese futuro por delante, quiénes seríamos,

sin una bola mágica,

mirando como augurio el romper de olas en la playa,

en unidad estrecha que recogiera el tiempo entero;

porque algo nos decía la incesante ondulación del agua,

su rumor remoto como el fondo de una concha,

el trecho de cielo que surcaba una gaviota,

el impostado ademán reflexivo, el humo del cigarrillo

que el viento llevaba raudo mientras inflamaba el ascua.

Abrazados a nuestra rodillas dejábamos que la tarde pasara,

como impávidos mascarones,

midiéndola con otro rigor que el del reloj en la pulsera,

siguiendo con los ojos la nubes que deshilachaban,

para posarlos luego en la luna

como en un lunar de plata que atería la sombra verdosa

de las aguas, y el cielo oscureciéndose plácido

sobre el yate anclado en la tersura marina

cual un alfiler de corbata,

perpendicular al horizontal paisaje

de ondulados pliegues.

Entonces sentíamos la tarde rendida,

los momentos que se llenaban de irrelevancia,

la arena que escapaba entre los dedos,

la pesadumbre de otra tarde malograda,

descreídos de que nuestra pequeñez

nunca podría contener del todo

esa plenitud precisa que nos hiciera dichosos.


Qué tedio volver a casa con las sombras ya instaladas

y encontrarse con las mismas vergüenzas rutinarias,

la mismas indolencias acumuladas,

el recuento de dudas que no se resolvían

la desesperanza...

desplomado en la cama con la mirada fija en el techo,

que imponía su límite de fatalidad y estatura,

rotas las ansias,

todavía vestidos, retomando los hábitos desgastados.

Porque nadie nos había dicho que salirse con la suya

era una forma de ir perdiéndose día a día,

como entrar al trapo de una vida desperdiciada

donde cualquier esperanza era lejana

pero creíamos, no obstante, que todo permanecería,

como el mismo sol que cada mañana levantaba

con los mismos inconvenientes en casa

tendiendo su trampa,

las amistades que no duraban,

el sueño de amor que se escapaba

con el semen entre las sábanas

y de nuevo todo comenzaba.


La soledad

La soledad

 La mar. El día claro.

La brisa que acaricia.

Las huellas del camino.

El tiempo acompasado.

La mente que medita

el sueño de los años.

El sol es el testigo,

la realidad su sombra,

el existir enigma.

Delatará el silencio

su magnitud encriptada,

la infinidad de estrellas

que la mañana apaga.

Tendrán razón los ojos

sin escocer sus lágrimas, 

la conciencia ausente

sin la palabra en ciernes...

su poso, la duda amarga. 

El día. La mar. La soledad. 

La calma.

SI YO TUVIERA ESAS RESPUESTAS

SI YO TUVIERA ESAS RESPUESTAS

 Si yo tuviera esas respuestas

y conociera los secretos más ocultos

y comprendiera todo el dolor

que se recoge en un lágrima

y pudiera hacer caminar a los tullidos

o encender una luz en la tiniebla

pero no tengo ni oro ni plata

y carezco de cualquier poder sobre las cosas

mis manos están vacías

mis huesos cargados de años

mi esperanza despojada  y el ánimo contrito

yo quisiera tener una rosa que ofrecerte

palpitantes sus tiernos pétalos

el color aún encendido y llena de fragancia

quisiera que esta dádiva contuviera

el firme pulso de la vida

el frescor de una lozana fruta

la potestad de una palabra 

en la boca de el Mesías

Cielo


 Cielo de transparencia azul,

que proyectas tu reflejo

hasta el cristal del alma,

candente de mañana pura

cuando a la entraña penetras.

¡ Rasga con tu cuchillo de éter

 esa ausencia que mi soledad 

entrevera, hasta sajar en su tejido

el frío que las lágrimas dejan!

Al Doncel de Sigüenza


Indiferente sobre tus huesos estás tendido,

distraído el ánimo en la lectura del libro 

que sostienes entre las manos como queriendo

atrapar el mundo con la mirada

que divaga en esa sombra que pasa.

Ya lejos quedan los episodios marciales,

los fieros lances y las heridas de batalla,

la muerte en las vegas de Granada;

te rodean las mórbidas estatuas familiares

de esa alcurnia que ya dejó su huella honda

en el tiempo y en la permanencia de  las lápidas.

Mausoleo de inquietante silencio

y espectral transparencia en donde yaces

aguardando que ese mármol se haga vida,

en el rigor montañés del corazón de España.

La victoria ya la tienes, por tu espada

de merecidos galardones; por tu fama

inscrita en ese libro donde lees lo efímero

de nuestra vida pasajera y descubres

la condición de los pueblos y las gentes.

Cementerio de Horche

Cementerio de Horche

 El hombre es vida de la tierra,

 no sombra del asfalto.

Criatura de sol y de agua,

de raíces afianzadas como árboles.

La mañana levanta el aliento

de la tierra en su pálpito;

vienen aromas dispersos,

ecos amortiguados entre silencios,

adolescencia de sueños.

Nada parece alterar la paz

de ese cementerio

donde los huesos gozan el reposo 

esperando su momento.

BLADE RUNNER

BLADE RUNNER

 noche tormentosa de lluvia ácida 

estertores de fuego

vértigo de precipicio retumbando en el misterio

jungla de edificios 

                 pantallas led y fosforescencias halógenas

(imagen de enorme geisha relamiéndose entre remilgos orientales)

atmósfera brumosa

                               apocalípticos preludios

              Coca Cola autos voladores 

luciérnagas mecánicas

silencios sombríos de atardeceres

un ojo que escruta el bullicio de colmena

una aeronave sobrevuela pregonando anuncios

de otros mundos con más óptimos recursos

transeúntes apresurados con paraguas luminosos

                        bicicletas

frenesí de ciudad a la deriva

                                un disparo entre la multitud

la muerte de una crisálida

                                        heterogénea Babel

                  copiosa lluvia

identidades dudosas

                              retales de vida

la soledad tras de cada esquina

                                       El tiempo que escapa

                   La muerte  y la nostalgia


Tu casa vacía

Tu casa vacía

 Paso frente a tu casa y presiento

la quietud del abandono; donde

antes iluminaba tu presencia

sólo colea un reguero de alma ausente.

Camino como una sombra

frente a su fachada inmóvil 

de soledad sin voces, donde

ya ni las plantas crecen. Me falta

ese presentimiento de sentirte

tras de la ventana, transida

de un anhelo que busca quien lo habite.

 Con tu fatalidad marchaste 

sin decir que te marchabas

y dejaste con tu abandono un recuerdo

nostálgico que palomas sobrevuelan

meciendo el tiempo bajo sus alas.

Un tiempo desnudo, de constancia huera

que atormenta con el compás binario

 de su péndulo y el gotear de arena.

Mis ojos ya no se miran en tu mirada,

mis brazos inútiles son sin el abrazo,

en mi corazón de tu calor no quedan brasas,

y mis hombros se sobrecargan

de un pesar triste, incapaz

de exhalar un mal lamento.

Callada ausencia de estéril trayecto,

como si la posibilidad tuviese márgenes

y el alma fuera un bajel atrapado en su botella.

Mas si te volviera a ver...si la vida fuera

como un libro que se pudiera cerrar,

y se contara con una prolija biblioteca

donde gozar muy distintos manuscritos,

y fuera la esperanza mar de singladura...

Tal vez tenga algo de lo que muchos carecen,

pero mis días ya no son míos

y no tienen a quién pertenecer;

mis noches... para qué nombrarlas!

No quiero esa tiniebla que se palpa;

quisiera la mañana de tu cuerpo

despertando entre el gozo de mis sábanas.

EL TRANSEÚNTE

EL TRANSEÚNTE

 Lo veo pasar muchas tardes desde el rincón en donde suelo mendigar. Debe de ser hombre de costumbres metódicas, pues a una hora bien aproximada del día pasa frente a mí. Es su caminar sosegado, como de quien carece de apreturas que impulsen a acelerar la marcha. No es como yo, que no tengo donde caerme muerto; el, seguramente, poseerá un mullido lecho donde conciliar el sueño. Hay algo en él que lo hace parecer distante. Es raro verlo acompañado. Debe de tratarse de algún desengañado. Su aspecto es saludable, con cierta tendencia a la gordura; aunque mantiene un evidente vigor atlético. Debe de haber llevado una vida de trabajos en cierto sentido "duros". Por los horarios en que pasea sin duda estará jubilado. No sé hasta que punto dispondrá de una pensión holgada. Pero se me antoja que la remuneración no llega a cubrir todas sus necesidades, pues lo veo penetrar cada tarde en la administración de loterías, y guardar a la salida sus apuestas en la cartera. Seguramente, como tantos, anda soñando con que le toque el gordo o un pleno de la Primitiva. No, no es el hombre excelente que podría llegar a ser, pues anda consolándose con baldías esperanzas. No, no debe de ser del todo de esos que sujetan al toro por los cuernos. Se permite veleidades. Casi diariamente repite un mismo itinerario. La ciudad le es hostil, pues soslaya trayectos que le desagradan. No en todos ellos encuentra lo que busca. Su experiencia le dicta que no conviene adentrarse en determinadas zonas, ni frecuentar determinados establecimientos. Cuando se conoce el mundo, poco se puede esperar de él. Cada cual nace con su sanmartín. Yo me restrinjo a los pocos céntimos que caen en la escudilla. El ciudadano también debe de tener marcadas sus limitaciones. Viste con aseo; con ropa no excesivamente cara. Usa zapatillas. No le veo nunca fumar. No sé si bebe. Supongo que, como todos, echará alguna cana al aire de cuando en cuando. Pero no me gustaría precipitarme. No habitúa acompañarse por mujeres. Conforme están los tiempos, cualquiera sabe. Tampoco pasea con niños ni jóvenes. Tal vez no tenga hijos. Hay en él algo extraño. Acaso su biografía no esté del todo limpia. Debe tratarse de un individuo algo insociable, pero el que esté sin pecado...No, no es, aparentemente, un tipo propenso a las amistades. Aseguraría que con él no convendría jugarse los cuartos. Porque también el flaquea, aunque trate de disimularlo; como todos se halla sujeto por una maraña de convenciones, de rígidas barreras que le impiden liberarse de su vida convencional, de esos paseos rutinarios, cronometrados, sin objetivo aparente salvo el de favorecer un buen estado físico. ¿ Por  qué caminas sin dirección concreta, buscando pero sin querer encontrar? Esta clase de gente me revienta, parecen afligidos pero sin un motivo claro; tienen la vida asegurada y sin embargo parecen insatisfechos. Quisiera verlos en mi condición, viendo llegar la noche y no tener un lecho para el descanso, oír ronronear las tripas y carecer de un pedazo de pan que echarse a la boca, padecer la helada invernal y estar sin abrigo con que taparse. En mi situación quisiera yo verlos. Yo yazgo en este rincón de la calle porque no tengo lugar a dónde ir en este mundo, pero y él, y él?...seguramente igual que yo en mitad de la noche se despierta sudoroso y angustiado, soportando el gotear del tiempo que cae hasta  él fondo de un pozo sin significado y la garganta quiere gritar pero sin saber a qué responde ese grito  desesperado, del que participa todo bicho viviente ante la desolación sin respuesta que nos rodea y nos ahoga con esa bola pesada en la garganta que no podemos vomitar. Es curioso, el individuo ha pasado frente a mí y ha dejado caer un moneda en la escudilla.



Vida Eterna

Vida Eterna

Que poco rato dura la vida eterna

por el túnel de tus piernas

entre Córdoba y Maipú

( J. Sabina)



Si la vida eterna se encontrara

en el cumplimiento de algún coito,

si su colofón coronara

la hoja noble del olivo,

si penetrara con la mañana

al abrir de par en par la ventana,

si su aliento embalsamara

el descuento del tiempo que se va...

Si conociera de cerca el mensaje 

que su heraldo proclama

para  pagar el obligado peaje

que corresponde a la culpa de Adán,

cuando bajo la sombra arbolada

el fruto inquietante arrancó.

Como crío enfurruñado, 

la mano providente mordió

y quedó sin luz bajo la venda,

entre un corro que juega 

a la gallina ciega. Sobrecogido 

por el terror de otras voces,

avergonzado de sus vergüenzas huyó.

Había perdido el inocente olvido,

momento imperecedero mesura se tornó,

sujetando el cabo de un hilo

del que tiraba y tiraba sin encontrar final,

hasta que la guadaña lo vino a cortar

y fue preciso un sacrificio de cruz

para volverlo a hilvanar,

todo guirnalda de luz,

gozo que sabe a eterna vida 

que nunca atenúa, donde

nada hay contingente o baldío,

venero necesario de incesante

acopio, deleite sin deseo,

permanencia sin fragmentos,

lugar sin geografía. Crisol

del espacio-tiempo. Aurora detenida.

Si me sepultan lejos

Si me sepultan lejos

 Si me sepultan lejos,

no habrá quien me traiga flores,

sólo sabrán de mí los elementos

y el íntimo frío del silencio.

Me recordarán, anónimo, los albores,

las tardes serenas de melancolía.


Porque hay en mí una sed

de paisajes peregrinos

como un eco de remotas sirenas

incitándome tras la línea marina,

fértil en auspicios de anhelo

cuyos rumbos son azarosos.

Quisiera proyectarme

hacia donde las nubes parten,

como un meteoro en los cielos,

cumpliéndome en los sueños

que la vida promete, cual alegres

periplos que abandonan fondeaderos.




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Naamán el sirio PUBLICIDAD

 En el siglo noveno (a C), siendo Joram rey de Israel y mientras Salmanasar III ejercía el dominio sobre el País de los Ríos, ocupaba el trono de Siria Ben Adad I, quien cifraba su poderío, más allá del hierro de sus espadas y la fuerza arrolladora de sus carros de guerra, en la excelencia de sus generales, de los cuales el que tenía en mas estima era Naamán. Al león se le comparaba por su bravura, y a la serpiente por su prudencia; con sus triunfos había coronado las glorias de Siria. Pues la magnitud de sus hazañas guerreras y certera sabiduría habían librado el país de amenazantes peligros y proporcionado pruebas porfiadas de lealtad a su rey, por las que éste no tenía por menos que estarle agradecido. Victorioso en sus campañas en Biblos y Qadesh, había guerreado contra Israel y aconsejado establecer favorables alianzas con Tiro y Sidón, que proporcionaran a Siria una salida estratégica al mar; vencedor en las fronteras de Aram y temido en el asedio de Mari, fortaleció lazos mediante provechosas embajadas con Nínive y Acad que debilitaran la hegemonía de Babel y Asur; viajero en la olvidada Mitanni, a su regreso dio a conocer a Ben Adad el más excelente metal sagrado que templaran los hititas. Conforme a sus méritos, como justo consejero e invicto conductor de sus bravos guerreros era celebrado por los damascenos.


 Era, sin embargo, Ben Adad desconfiado como todos los reyes, y esta misma desconfianza le hacía tornarse codicioso. Mientras tendía alianzas con sus vecinos, de la voluntad de concordia nacía el deseo de conquista. Adoraba a Hadad Rimón como el todopoderoso, pero su recelosa volubilidad sólo fiaba de la superstición....


                        ADQUIERE UN EJEMPLAR DE NAAMÁN EL SIRIO
                                  NO TE DEFRAUDARÁ

La máscara del héroe

La máscara del héroe

 Es triste saber que cuando uno indaga

comprueba que entre los hombres

no hay esperanza, que el envés de los héroes

es ser un canalla, que el ideal es un velo

tras el que encubrir lo obsceno.

Aun del elegido sólo se muestra la máscara,

que al arrancarla sólo manifiesta las lacras:

es el honor astucia artera; el valor, desatemperanza.

Si es misión de los pueblos 

contemplarse en tal espejo,

se comprende el desafuero, la injusticia,

la desventura sin consuelo

que deberemos arrostrar hasta el fin de los tiempos.


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ELIGE TUS LECTURAS SEGÚN TU "CRITERIO", QUE NO ES EL DE  BALMES NI EL DE NINGÚN OTRO.

A LOS PUEBLOS... ( adiós a las armas)

A LOS PUEBLOS... ( adiós a las armas)

 El gobierno sin argumentos,

cuando el juicio al instinto cede,

 malogra toda esperanza,

llena el corazón de silencio

y escucha el clamor de las armas.

No hay justicia cuando los fusiles hablan,

cuando a la razón desoyes

y con la violencia pactas.

No habrá más fruto que muerte,

yermo terreno sin flores,

desolación en las almas;

en lugar de vida, mortaja.

¡ Malhadados los pueblos

que fían su decisión en las balas.

No tendrán laurel ni provecho

sino la fría extensión de una lápida!

Amargos postulados

Amargos postulados

 Tardé bastante en comprender

que una mujer no es un camarada

y que un camarada no es un amigo,

que las heridas no sanan

sin cicatrices ni sin lágrimas,

que la adversidad nos derrota

cuando se ignora el peligro.

Tales postulados amargos

no los creo un aserto categórico,

sólo son constancias de camino,

cuando se vuelve condena

un mismo error repetido,

como cuando cadenas son los lamentos,

 y sentencias los desesperanzados gritos.

Procura cada mañana renacer

al desnudo día celebrando su milagro

de inocencia invulnerada;

no empañan los recuerdos al sol,

ni entorpece el vuelo de los pájaros.

Caminar, sin dar señal de gran fatiga...

Breve reflexión sobre la narrativa

Breve reflexión sobre la narrativa

 Hay eruditos del relato que cifran el logro narrativo en la exposición de una historia bien contada, en el desarrollo de un argumento de forma clara, directa y ausente de concesiones retóricas. Yo pregunto: ¿ es ésta la culminación del sumun literario?. La tradición inglesa nos ha aportado bastantes ejemplos en este sentido, basando la tarea del narrador en la habilidad de contar. Pero ¿ debe ceñirse todo el afán literario en la consecución de este logro? Tan polvo y paja es la superflua retórica como la ineficacia narrativa. Mirando todo el quehacer de las letras entre ese estrecho ángulo, se renuncia a gran parte de la fertilidad creativa, descartando aportaciones que sería erróneo obviar. El Buscón no sería el Buscón sin el vestido que lo recubre. El desnudo por sí solo resulta romo; se realza bastante con un añadido, aunque sea de detalle. ¿ Quién es el que reduce la meta al mero buen narrar, quizá la deriva de nuestro tiempo? Las fresas saben mejor con nata.

Pleno sol

Pleno sol

 ...traigo conmigo el sudor de muchas leguas,

el polvo adherido a los andrajos,

los alacranes agarrándose a los zapatos,

y el sol,

el sol tórrido aplastando mi entusiasmo,

resecando la saliva, 

debilitándome hasta el último aliento,

avistando un horizonte difuso como un espejismo,

avanzando por un sendero pedregoso de incierto destino...

pero no dejaría de andar;

andar me justifica, andar

hace razonable el absurdo,

confiere un propósito al silencio que acompaña,

encuentra su motivo en sortear los escollos del camino;

paso tras paso se crea una conciencia de meta,

se descubre otra perspectiva.

Puesto que ando, existirá un momento necesario

donde mi zancada se detenga...

mi misión concluye cuando la ruta acabe;

su más allá no me compete.

Ahí reside la finalidad de andar.

Caminemos, pues...

tengo por seguro que si prosigo la marcha llegaré a alguna parte,

veré otros días que me esperan

en climas templados sin rigores

donde refresque la delicia de una fuente,

donde el sol suavice sus ardores

y el pleno día  remita su castigo

dando paso al remanso benigno de la tarde,

a cobijo de una sombra amable

que alivie del esfuerzo mantenido.

Mi poesía

Mi poesía

 Mi poesía viene de la soledad,

no se la encuentra en la compañía.

Surge de su seno a pleno pulmón

y se propaga como el grito, en la distancia.

Su llama anida en el corazón,

forjada en el crisol de su verdad,

donde no cabe engaño  o palabra huera,

falacia, ardid ni altanería.

Su voz busca oídos que la oigan,

complacencia en el alma estremecida,

entraña fértil donde germinar,

silencio, que con su numen redima.