El hombre es vida de la tierra,
no sombra del asfalto.
Criatura de sol y de agua,
de raíces afianzadas como árboles.
La mañana levanta el aliento
de la tierra palpitante;
vienen aromas dispersos,
ecos amortiguados entre silencios,
adolescencia de sueños.
Nada parecer alterar la paz
de ese cementerio
donde los huesos gozan su reposo
esperando su momento.
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