Visión

 Visión

 Aún se teñía de grises la alborada,

cubría el monte una capa neblinosa

que envolvía la húmeda verdura.

La mañana se anunciaba con luz indecisa,

la mañana como pan reciente,

la mañana nos cernía sin promesas

abriendo los claros de los caminos,,

de los senderos entre boñigas de vaca,

que se volvían estrechos, cercados de maleza,

asediados por insectos; hacia un lado

marañas de eucaliptus, la marcha acompasada,

el peso del esfuerzo, el tiempo que resuelve

en aporía de Aquiles, sin limites

su laberinto. 

Habrá un momento donde acabe la jornada.

La lluvia arrecia. Todo parece incierto.

Al doblar un repecho, la calzada. El cielo

se hace más claro. Frente a nosotros, inesperado, el templo.

¡ Qué importa la lluvia, el fango, la ineludible carga!

Aún queda en el recuerdo

Aún queda en el recuerdo

 Aún queda en el recuerdo

el cobijo de las barcas, la arena blanda,

la brisa adormecida en el rosa del crepúsculo.

Queríamos saber lo que encerraba

ese futuro por delante, quiénes seríamos,

sin una bola mágica,

mirando como augurio el romper de olas en la playa,

en unidad estrecha que recogiera el tiempo entero;

porque algo nos decía la incesante ondulación del agua,

su rumor remoto como el fondo de una concha,

el trecho de cielo que surcaba una gaviota,

el impostado ademán reflexivo, el humo del cigarrillo

que el viento llevaba raudo mientras inflamaba el ascua.

Abrazados a nuestra rodillas dejábamos que la tarde pasara,

como impávidos mascarones,

midiéndola con otro rigor que el del reloj en la pulsera,

siguiendo con los ojos la nubes que deshilachaban,

para posarlos luego en la luna

como en un lunar de plata que atería la sombra verdosa

de las aguas, y el cielo oscureciéndose plácido

sobre el yate anclado en la tersura marina

cual un alfiler de corbata,

perpendicular al horizontal paisaje

de ondulados pliegues.

Entonces sentíamos la tarde rendida,

los momentos que se llenaban de irrelevancia,

la arena que escapaba entre los dedos,

la pesadumbre de otra tarde malograda,

descreídos de que nuestra pequeñez

nunca podría contener del todo

esa plenitud precisa que nos hiciera dichosos.


Qué tedio volver a casa con las sombras ya instaladas

y encontrarse con las mismas vergüenzas rutinarias,

la mismas indolencias acumuladas,

el recuento de dudas que no se resolvían

la desesperanza...

desplomado en la cama con la mirada fija en el techo,

que imponía su límite de fatalidad y estatura,

rotas las ansias,

todavía vestidos, retomando los hábitos desgastados.

Porque nadie nos había dicho que salirse con la suya

era una forma de ir perdiéndose día a día,

como entrar al trapo de una vida desperdiciada

donde cualquier esperanza era lejana

pero creíamos, no obstante, que todo permanecería,

como el mismo sol que cada mañana levantaba

con los mismos inconvenientes en casa

tendiendo su trampa,

las amistades que no duraban,

el sueño de amor que se escapaba

con el semen entre las sábanas

y de nuevo todo comenzaba.


La soledad

La soledad

 La mar. El día claro.

La brisa que acaricia.

Las huellas del camino.

El tiempo acompasado.

La mente que medita

el sueño de los años.

El sol es el testigo,

la realidad su sombra,

el existir enigma.

Delatará el silencio

su magnitud encriptada,

la infinidad de estrellas

que la mañana apaga.

Tendrán razón los ojos

sin escocer sus lágrimas, 

la conciencia ausente

sin la palabra en ciernes...

su poso, la duda amarga. 

El día. La mar. La soledad. 

La calma.

SI YO TUVIERA ESAS RESPUESTAS

SI YO TUVIERA ESAS RESPUESTAS

 Si yo tuviera esas respuestas

y conociera los secretos más ocultos

y comprendiera todo el dolor

que se recoge en un lágrima

y pudiera hacer caminar a los tullidos

o encender una luz en la tiniebla

pero no tengo ni oro ni plata

y carezco de cualquier poder sobre las cosas

mis manos están vacías

mis huesos cargados de años

mi esperanza despojada  y el ánimo contrito

yo quisiera tener una rosa que ofrecerte

palpitantes sus tiernos pétalos

el color aún encendido y llena de fragancia

quisiera que esta dádiva contuviera

el firme pulso de la vida

el frescor de una lozana fruta

la potestad de una palabra 

en la boca de el Mesías

Cielo


 Cielo de transparencia azul,

que proyectas tu reflejo

hasta el cristal del alma,

candente de mañana pura

cuando a la entraña penetras.

¡ Rasga con tu cuchillo de éter

 esa ausencia que mi soledad 

entrevera, hasta sajar en su tejido

el frío que las lágrimas dejan!