Lamento de minas, silencios
amargos de duros tormentos,
oscura agonía de mañana blanca.
Un frío metal rasga la guitarra
de alma sin cuerpo, en un hondo pozo,
al compas de picos, martillos, que arrancan
la entraña a la tierra, rito doloroso
de músculos, sudor y manos, porfiando
de que el seno socavado esconde esperanza.
Raíz de lágrimas y de quebranto alimentada,
simiente de queja y condena andaluza,
que conjuga con sangre la estrofa callada
que la noche sin tiempo, cruenta, desmenuza.
0 comentarios:
Publicar un comentario