El marqués de Bradomín,
acurrucado en la posta,
se acerca a la noble Ligura,
presagio que asegura
el deleite de un festín,
un eco de romántica aventura
y 77 páginas de excelsa literatura.
No nos negó el buen vate
la excelencia de su pluma;
ripios aparte, sin duda
no escatimó recursos a su arte,
ademán teatral y pulcro engarce.
Cada una de sus páginas transpira
un pulso lánguido de primavera,
acodados al balcón donde se mira
el fluir de la belleza más serena.
Absorbidos por su gracia decadente,
seguimos de Bradomín los pasos
tras de una pasión tan ferviente,
que su juicio doblegará con férreos lazos.
Por sacrificar a Eros unos brazos
devotamente a Dios consagrados,
la rosa entre sus manos se hará pedazos
y él deberá de huir desesperado.
El peso de la tribulación será tan fuerte,
que en su alma siempre resonará,
sentencioso y atormentado,
el lamento de aquella pobre demente:
¡Fue Satanás! ¡Fue Satanás!
Suscribirse a:
Enviar comentarios
(
Atom
)
0 comentarios:
Publicar un comentario