El gato sueña en el alfeizar,
sumido en su mismidad,
dejando pasar al tiempo indeleble.
En su gesto impertérrito
parece no haber voluntad:
<<mientras tranquilo me halle
que más me da lo demás>>
El gato no siente lo ido
ni lo que vendrá. Nada
quiebra su majestuosidad
de ídolo oriental. Nuestra
presencia y las sombras
no lo conturbarán. Si acaso
el viento que trae cierto olor,
el sigilo fugaz de algún roedor.
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