Por mucho tiempo fuiste deseo en mi carne,
razón, propósito, sueño,
cubriendo toda la extensión
que abarcaba mi ternura,
rutina de voluntad, costumbre cotidiana,
soplo que mi aliento expelía,
cercana como el pensamiento,
gozo y tormento de corazón.
Hoy, sin embargo, miro en mi deseo
y no te contemplo, el destino que fuiste
contradijeron los hechos, su esperanza
cesó porque ya no se espera, lo que fuera
certeza es ya memoria pasajera.
De ello es culpable el tiempo,
la inconstancia del deseo...
Acaso una máxima de Marco Aurelio.
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