España empieza a dar grima. Hay fuerzas interesadas en alterar el orden social, y del caos subsiguiente sacar un rédito favorable. Hoy ya nadie se cree que las facciones litigan por convicciones arraigadas, moralmente asumidas, y románticos ideales; siempre hay detrás una turbia financiación y una clientela mercenaria encargada de llevar a cabo sus inconfesables propósitos. Que en España se dé, no se sabe hasta que grado, un entente, una solapada complicidad, entre el Poder y la delincuencia común es algo qué antes sólo se contemplaba en el más corrosivo cine negro; pero es un hecho que a día de hoy al parecer acontece como un proceder ordinario, circunstancia que de natural, para cualquier bien pensante, sólo podría achacarse a un sintomático "delirio paranoico" por parte del escogido ciudadano, víctima de tan sórdidas intenciones.
CAUTIVOS DEL MAL