POE

POE

 Hoy he asistido a una conferencia, a cargo del catedrático de filología inglesa de la UNED, Antonio Ballesteros, sobre la figura del escritor norteamericano Edgar Allan Poe, quien parece ser que nació en Boston en enero de 1809, pero la vicisitud de la vida le hizo afincarse en Baltimore, donde murió en 1849. Fue un hombre de vasta cultura, pero sobre cuyos estudios académicos, sin embargo, no se sabe cosa concreta; al parecer comenzó cierta carrera respetable que no llegó a culminar. Sirvió luego en el ejercito, donde alcanzó algunos galones pero cuya disciplina exigente abandonó con el tiempo, guiado tal vez por alcanzar renombre literario. Seguramente, Poe comprendió que era un hombre teórico más que de acción. Por el conflicto subsiguiente que provocó esta determinación, fue desheredado por sus padres adoptivos, quienes contribuyeron a su formación elitista. Para sobrevivir en tal mundo, sin duda no preparado para asumir sus objetivos y sus inusuales esperanzas, ejerció como crítico y periodista, dedicación en la que concentró sus esfuerzos, proyectando la creación de un periódico propio, que resolviera de una vez por todas sus asuntos profesionales, tentativa que no llegó a fraguar. Fue, no obstante, crítico literario afamado y con sus artículos en ciertas publicaciones prestigiosas alcanzó notorio renombre. Tras la publicación de su poema "The Raven" (El Cuervo) se convirtió en el poeta más afamado de América.

De Poe, como de todos los románticos, se tiene una visión estereotipada, cargada de tópicos. Llevados por las truculencias de sus narraciones, colegimos que su vida fue igualmente truculenta. Y en parte dicha estimación podría ser plausible, aunque nunca en sentido absoluto. Algunos aspectos de su biografía lo aproximan, sí, a hechos luctuosos que debieron influir bastante en su estabilidad emocional. Huérfano de padres durante la infancia, debió de conocer bien pronto lo que supone la fragilidad de la existencia, la precariedad de las certezas en relación con nuestros afanes. Por si esto fuera poco, a los pocos años de casado perdió, víctima de la tuberculosis, a su mujer, a la que había desposado siendo ésta casi una niña. Tal calamidad lo convirtió en un náufrago. Tuvo que conformar su vida con los restos de lo que otrora fuera airosa nave. Deficiencia afectiva , penuria económica y frustración laboral, formaban parte de su erial doméstico. Buscó refugio en aquellos lenitivos que de algún  modo paliaran sus dolencias tanto corporales como anímicas. Recurrió a la bebida y al láudano. Remedios que no se sabe si lo resarcieron de sus padecimientos y cuitas, pero condicionaron su perspectiva de vida.

Se le reconoce como el padre de la narrativa moderna, de cuyas temáticas alentadas por la preocupación y sentimentalidad romántica llegó a establecer sus vías principales de desarrollo. De hecho, cultivó diversos géneros, pero llegó a destacar como poeta y narrador corto, vertiente en la que ha contado con considerables seguidores. Una literatura como la borgiana sería inconcebible sin la influencia de Poe. 

Poe abrió las puertas a las que la moral y religión tradicionales habían echado el cierre. Abrir ciertos candados, como soltar a los perros que necesitan permanecer bien amarrados no sé si es una decisión muy recomendable. No se puede tratar de apagar un fuego alimentándolo. Poe franqueó la entrada a las mazmorras, hizo crujir los goznes de los sórdidos sótanos, merodeó entre los laberintos de las lápidas, dio alas a su imaginación con vedados elixires, hizo pasto del fuego los pórticos clasicistas del parnaso. Se adhirió a un género literario que por entonces estaba despuntando desde que Horace Walpole despertó sus esencias en el Castillo de Otranto. El romanticismo, subyugado por todo lo enigmático y tremebundo del cosmos, había posado su mirada no en la luminosa claridad del renacimiento como hizo el neoclasicismo, sino en esa otra época más imprecisa, incierta, más en penumbra, sometida a las fuerzas nunca bien definidas del fenómeno religioso, como era la del mundo medieval. Había nacido, con todos los remanentes teológicos, esotéricos, inexplicables y supersticiosos, la novela gótica.

De ese goticismo parte buena parte de su narrativa, pero abriendo al mismo tiempo veredas por entero nuevas: En los crímenes de la rue Morgue inaugura el relato detectivesco, el terror numinoso en la Caída de la casa Usher, la narrativa de suspense en El Pozo y el Péndulo, el problema del doble, de nuestra dualidad esencial, en William Wilson, el tormento de la culpa en El Corazón Delator y El Gato Negro, y así en cada uno de los relatos, analizando los temas de nuestra psicología mas atormentada- El genio de Poe posee esa impronta que sólo los clásicos trasmiten, un poder de sugestión necesario para despertar la capacidad de asombro en los más diversos lectores, tanto jóvenes como viejos, más allá de las generaciones y del momento concreto en que fue concebido. Acontecimiento único que acaso no se produzca "Nunca más".