Qué esperabas encontrar en las cúpulas de San Marco...
¿ el peso de un tiempo que no pasa,
de un tiempo detenido en sus aromas,
en una geometría de arcos y columnas
encerrada en artificios de añoranza,
entre el sabor de un viento salitroso
que trae el continuo sacrificio de la olas?
Los mármoles dormidos en la belleza
de su trazo bizantino, los claros días
cuando el sol penetra el vidrio
de sus colores en vibrante policromía.
Brillan las gemas de su ocaso
con la única actualidad del diario sacrificio,
masacrado por viles muchedumbres,
entre rumores que vulneran su silencio
y la quietud de algún sepulcro solitario.
Babel de voces que nunca encontrarán
el punto del rencuentro y errantes
peregrinan los corredores del tiempo
desde el amanecer hasta el crepúsculo,
cuando el sol pesaroso lame las cúpulas
con su ungüento de mieles mortecinas.
Aglomeración de elementos y de eras
en el testimonio veneciano de sus piedras.
Conglomerado disperso que trajo el mar
y que luego divulgó el viento a lo remoto.
De costas olvidadas trajo un fundamento,
dejando que la historia urdiera en secreto
donde se conjugan la fiero y lo sagrado,
la confianza de símbolo egregio,
sobre un azur de estrellas y de sueños.
Cae la sombra como un velo,
opacas se vuelven las jorobas de su techo,
mates los brillantes mármoles,
decolorados sus cromáticos juegos,
confusos los contornos de su geometría,
imprecisos sus segmentos,
flotando en la noche su cuadriga.
Parece no tener explicación
el laberinto que congrega su diseño,
el recargado dibujo que fue creciendo
encubriendo batallas, traiciones y tristezas,
aromas de santidad entre piedras que pudría
el lastre de los siglos con malogradas victorias
y el indiferente trascurso de los días.
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