Descontento

 Cuando entraste en la librería

( nadie diría que aquel encuentro

fue fortuito),  sentí que me había

 reconciliado con la providencia;

no esperaba que se abriera la puerta

de los deleites del deseo, tantos años

cerrada por la rutina del desengaño.

Lo más hondo de mí ansiaba dar el paso,

traspasar el vano de su promesa,

que se cumplieran al fin

tantas esperanzas incumplidas;

pero, por crucial el momento,

 mi voluntad no obedecía,

encadenada a un destino de letra impresa,

para quien el amor sólo 

es un argumento de novela.

La vida era un río que corría ajeno

tras de mi ventana, pero al que yo

no accedía, enrocado y marchito

tras mi torre de palabras,

de conveniencias y de terrores.

Parece tarde para el amor,

para recibir con bendición su milagro,

cuando su dulce gozo semeja anquilosado,

con el amargor de una colmena seca,

y el corazón velado de indiferencia.

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Francisco Juliá

Soy Francisco Juliá, y el deseo de este blog es llegar al mayor número de lectores, compartir una hermandad a la que nos invita lo íntimo de la conciencia.

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