Necesidad de un consuelo

Cuando acudo al multitudinario cementerio
y me detengo ante el mármol bajo el que yacen tus despojos,
siento el vértigo que para los vivos reserva ese misterio
del que no conocemos llave que abra su cerrojo.
Me duele no saber de cierto dónde está hoy el que eras,
si por los frutos de tu fe te acogió el cielo,
si un día volveré a verte por la promesa venidera
y podremos aguardar del vasto universo señales de esperanza y de consuelo.
Siempre con Dios viviste; la grosura de su palabra fue tu alimento.
No puedo aceptar que llegado el trance postrero,
un inclemente Dios justiciero
hasta tu soledad profunda no derramara un bálsamo de aliento.
Estás con Dios, debo tenerlo por cierto;
creer que tu alma reposa en Él, sosiego eterno,
libre de cualquier resquemor punitivo de tormento.
Fiar en ese gozo venidero únicamente impulsa nuestros pasos.
Ver brillar el nuevo despertar sobre los cielos de ocaso.
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Francisco Juliá

Soy Francisco Juliá, y el deseo de este blog es llegar al mayor número de lectores, compartir una hermandad a la que nos invita lo íntimo de la conciencia.

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