POE

POE

 Hoy he asistido a una conferencia, a cargo del catedrático de filología inglesa de la UNED, Antonio Ballesteros, sobre la figura del escritor norteamericano Edgar Allan Poe, quien parece ser que nació en Boston en enero de 1809, pero la vicisitud de la vida le hizo afincarse en Baltimore, donde murió en 1849. Fue un hombre de vasta cultura, pero sobre cuyos estudios académicos, sin embargo, no se sabe cosa concreta; al parecer comenzó cierta carrera respetable que no llegó a culminar. Sirvió luego en el ejercito, donde alcanzó algunos galones pero cuya disciplina exigente abandonó con el tiempo, guiado tal vez por alcanzar renombre literario. Seguramente, Poe comprendió que era un hombre teórico más que de acción. Por el conflicto subsiguiente que provocó esta determinación, fue desheredado por sus padres adoptivos, quienes contribuyeron a su formación elitista. Para sobrevivir en tal mundo, sin duda no preparado para asumir sus objetivos y sus inusuales esperanzas, ejerció como crítico y periodista, dedicación en la que concentró sus esfuerzos, proyectando la creación de un periódico propio, que resolviera de una vez por todas sus asuntos profesionales, tentativa que no llegó a fraguar. Fue, no obstante, crítico literario afamado y con sus artículos en ciertas publicaciones prestigiosas alcanzó notorio renombre. Tras la publicación de su poema "The Raven" (El Cuervo) se convirtió en el poeta más afamado de América.

De Poe, como de todos los románticos, se tiene una visión estereotipada, cargada de tópicos. Llevados por las truculencias de sus narraciones, colegimos que su vida fue igualmente truculenta. Y en parte dicha estimación podría ser plausible, aunque nunca en sentido absoluto. Algunos aspectos de su biografía lo aproximan, sí, a hechos luctuosos que debieron influir bastante en su estabilidad emocional. Huérfano de padres durante la infancia, debió de conocer bien pronto lo que supone la fragilidad de la existencia, la precariedad de las certezas en relación con nuestros afanes. Por si esto fuera poco, a los pocos años de casado perdió, víctima de la tuberculosis, a su mujer, a la que había desposado siendo ésta casi una niña. Tal calamidad lo convirtió en un náufrago. Tuvo que conformar su vida con los restos de lo que otrora fuera airosa nave. Deficiencia afectiva , penuria económica y frustración laboral, formaban parte de su erial doméstico. Buscó refugio en aquellos lenitivos que de algún  modo paliaran sus dolencias tanto corporales como anímicas. Recurrió a la bebida y al láudano. Remedios que no se sabe si lo resarcieron de sus padecimientos y cuitas, pero condicionaron su perspectiva de vida.

Se le reconoce como el padre de la narrativa moderna, de cuyas temáticas alentadas por la preocupación y sentimentalidad romántica llegó a establecer sus vías principales de desarrollo. De hecho, cultivó diversos géneros, pero llegó a destacar como poeta y narrador corto, vertiente en la que ha contado con considerables seguidores. Una literatura como la borgiana sería inconcebible sin la influencia de Poe. 

Poe abrió las puertas a las que la moral y religión tradicionales habían echado el cierre. Abrir ciertos candados, como soltar a los perros que necesitan permanecer bien amarrados no sé si es una decisión muy recomendable. No se puede tratar de apagar un fuego alimentándolo. Poe franqueó la entrada a las mazmorras, hizo crujir los goznes de los sórdidos sótanos, merodeó entre los laberintos de las lápidas, dio alas a su imaginación con vedados elixires, hizo pasto del fuego los pórticos clasicistas del parnaso. Se adhirió a un género literario que por entonces estaba despuntando desde que Horace Walpole despertó sus esencias en el Castillo de Otranto. El romanticismo, subyugado por todo lo enigmático y tremebundo del cosmos, había posado su mirada no en la luminosa claridad del renacimiento como hizo el neoclasicismo, sino en esa otra época más imprecisa, incierta, más en penumbra, sometida a las fuerzas nunca bien definidas del fenómeno religioso, como era la del mundo medieval. Había nacido, con todos los remanentes teológicos, esotéricos, inexplicables y supersticiosos, la novela gótica.

De ese goticismo se nutre buena parte de su narrativa, pero abriendo al mismo tiempo veredas por entero nuevas: En los crímenes de la rue Morgue inaugura el relato detectivesco, el terror numinoso en la Caída de la casa Usher, la narrativa de suspense en El Pozo y el Péndulo, el problema del doble, de nuestra dualidad esencial, en William Wilson, el tormento de la culpa en El Corazón Delator y El Gato Negro, y así en cada uno de los relatos, analizando los temas de nuestra psicología mas atormentada- El genio de Poe posee esa impronta que sólo los clásicos trasmiten, un poder de sugestión necesario para despertar la capacidad de asombro en los más diversos lectores, tanto jóvenes como viejos, más allá de las generaciones y del momento concreto en que fue concebido. Acontecimiento único que acaso no se produzca "Nunca más".



CAUTIVOS DEL MAL

CAUTIVOS DEL MAL

 España empieza a dar grima. Hay fuerzas interesadas en alterar el orden social, y del caos subsiguiente sacar un rédito favorable. Hoy ya nadie se cree que las facciones litigan por convicciones arraigadas, moralmente asumidas, y románticos ideales; siempre hay detrás una turbia financiación y una clientela mercenaria encargada de llevar a cabo sus inconfesables propósitos. Que en España se dé, no se sabe hasta que grado, un entente, una solapada complicidad, entre el Poder y la delincuencia común es algo qué antes sólo se contemplaba en el más corrosivo cine negro; pero es un hecho que a día de hoy al parecer acontece como un proceder ordinario, circunstancia que de natural sólo podría achacarse a un sintomático "delirio paranoico"  por parte del escogido ciudadano, víctima de tan sórdidas intenciones.


He conocido muertos en mejor estado

He conocido muertos en mejor estado

 He conocido muertos en mejor estado

he vertido lágrimas que no se enjugaron

he visto partir barcas que no retornaron

he amado sin freno sin ser nunca amado

he enviado cartas que jamás llegaron

he perdido trenes que se me escaparon

he dejado huellas que ya se han borrado

he besado labios que me repugnaron

he deseado frutos que nunca he probado

he soñado sueños que se malograron

Nada más frecuente que los desengaños

nadie más patético que un viejo romántico

nada más insípido que un lenguado hervido

nadie más ridículo que un donjuán burlado.


Todo en derredor es desolación

Todo en derredor es desolación

 Todo en derredor es desolación. Vivimos en un mundo donde nada ofrece resultados satisfactorios, al menos para algunos. Pues de otros se cuenta que continúan acumulando pingües beneficios mientras se afeitan o desayunan, aunque se levanten de mal café. En estos casos, la vida parece sonreír; sería ésta una gran bendición para el escogido si su naturaleza no fuera como la de todo quisque, perecedera, sujeta a adversidades, accidentes, enfermedades y cómo no a la guadaña de la Parca. Dicen que algunos ya buscan soluciones para este contratiempo.

El caso es que nuestra existencia no halla asideros fiables a los que agarrarse. Nada hay en la vida menos satisfactorio que las relaciones con nuestros semejantes. Unos a otros - hay excepciones, claro- nos hacemos la vida imposible. Este es un mundo del todos contra todos. Si está en su mano no te dejarán levantar cabeza. Una muestra clara de ello es la resistencia que se opone a ganar dinero, a mejorar tu situación, a prosperar. Parece la sociedad confabulada para no permitir que ese beneficio te alcance, y bien sabe el estado "poner palos en las ruedas". 

Por ejemplo a un individuo que se pasó cuarenta años trabajando en un empleo no del todo recomendable, dejándose la piel y dejando pasar la vida tras los muros constrictores de una empresa, y que llegado el momento por unas causas u otras recibe del estado una pensión con la que difícilmente llega a fin de mes, no creo que se pusiera reparos en que el susodicho tanteara la posibilidades de mejorar su economía y con ella el 80% de su propia vida. Pues bien, todos las alternativas que se ofrecen parecen dispuestas para obstruir que tal desarrollo se lleve a cabo. Pues a día de hoy, si se intenta un negocio, fracasará; si procura abrirse camino en cualquier disciplina artística o intelectual, recibirá indiferencia; si juega a la lotería, después de haber intentado todas la variables para conseguir un pleno, comprobará que buena parte de su peculio habrá menguado. ¿ Qué hacer? No dudo que alguno de nuestros próceres nos facilitaría el arma del pistoletazo. En verdad, esta sociedad de hoy ofrece pocas soluciones a sus súbditos. Si acatamos sus normas, pronto nos cercioraremos de que nos han dado gato por liebre.

Pues bien entre todo esta turbamulta de desengaños, aún quedan pequeños veneros donde saciar la sed que nos atosiga, y no me refiero en esta ocasión a la fuente eterna del Señor, sino que explorando en youtube he descubierto una vieja grabación hermosa e insólita. Se trata de una versión de concierto del primer acto de La Valkiria de Wagner, llevada a cabo en Viena a principio de los 60 del pasado siglo. Allí se congregaba, además de la Filarmónica de Viena, buena parte del elenco que participo en el apogeo de aquellos festivales de Bayreuth de posguerra. Está Greindl cantando a Hunding, y dirige Knappertsbusch. En principio creí que Knáppertsbusch habría participado en los Festivales y principales teatros durante la época Nazi. Me hizo sospechar su inequívoco aspecto teutón y que colgara de su cuello una cruz de diseño puramente germánico. Luego supe que durante el régimen de Hitler el insigne director había vivido apartado en Austria, y que se le llamó para dirigir los Festivales una vez concluida la contienda mundial. La grabación es una gozada, al escucharla uno se resarce de tanta mediocridad, de tanta miseria, y de tanta estupidez a la que estamos sometidos. Sin duda Wagner, ese hombre controvertido y de moral dudosa, se redimió con esta música de ese tránsito amargo y tantas veces decepcionante que es la vida

EN LA ERMITA DE RIBADESELLA

EN LA ERMITA DE RIBADESELLA

 No sé que me indujo a subir a la ermita.

Sabía que aquél era tu lugar preferido.

Durante el camino empinado 

no paraba de escupir una bronquitis aciaga.

Llegué con las fuerzas justas y el aire escaso.

El espacio sacro me vedó la entrada, 

las rachas de viento azotaban con ganas

Pero allí estaba yo, en el promontorio aislado,

deslumbrados los ojos por el sublime entorno.

De un lado el Sella muriendo en la mar,

con su serpentino trazo precediendo el estuario,

luego, las montañas, lejanas, donde sueñan

 los bosques legendarios y astures; del otro,

los acantilados con su arisco perfil,

recortando la inmensidad azul de herida belleza, 

embebiéndose de mar y plenitud cercana.


Vimos partir sin luz la última nave

Vimos partir sin luz la última nave

 Vimos partir sin luz la última nave,

conocimos entonces el vacío en nuestras manos,

que nuestra única certeza se alejaba por el agua

bajo la luna envuelta de tinieblas

cuando la ciudad festejaba más lejana.

El barro había cubierto nuestras botas, 

mirábamos con ojos de melancolía

tras de aquella vivencia que escapaba

como un ave que remonta las alturas,

como un grito que se propaga estremeciendo, 

como lágrima de una emoción profunda, rota,

 sueño que al despertar se olvida, circunstancia

que desde entonces forjará el momento.

Las nubes de tormenta preñadas a lo lejos,

las húmedas ráfagas que traía el viento,

el recuerdo amargo de una despedida,

la carta que me dejaste guardada en el bolsillo,

la convicción de que aún lo arraigado pasa,

frágiles los más íntimos lazos,

sombríos los augurios cual la noche,

cuando la última barca tiene que partir

y la vida es sólo solitario tránsito.

Te compadezco, Jaime Bayly

Te compadezco, Jaime Bayly

 Jaime Bayly se siente vejado, humillado, dolido... porque la presidencia del Perú le ha negado una embajada añorada, quizá en Ottawa o en Buenos Aires.... Jaime Bayly en realidad es un tipo que no tendría por qué lamentarse. Dice que a los treinta y pocos años ya obtuvo su primer millón. Muchos no hemos visto un millón en la vida, ni somos un personaje célebre televisivo ni firmamos ejemplares de nuestros éxitos literarios en las ferias del libro más afamadas. El problema de Bayly es que ha nacido en una familia rica y no está acostumbrado a perder. De hecho, vive en Estados Unidos donde nada tiene peor prensa que un perdedor. Tal vez si Bayly observara a quienes hemos sobrellevado la derrota, porque nos acompañó durante una infancia precaria, en una juventud rebelde en la que fuimos engañados, a lo largo de casi cuarenta años de trabajos forzados, donde quedaron postergadas cualesquiera tentativas de vocación literaria o, finalmente, cuando reunimos las suficientes fuerzas para asomar el esporádico cuello de alguna novela, algunos poemas reunidos, alguna crónica viajera...fuimos avocados al ostracismo de la indiferencia, a ese obstinado silencio que recibe aquel con quien no se cuenta para nada...entonces tal vez Bayly se confortaría con el célebre poema de Calderón: Cuentan de un sabio que un día, tan pobre y mísero estaba... Feliz Bayly, que cuenta con un trabajo bien remunerado, una joven esposa, una familia, y se permite a menudo el capricho del viaje intercontinental, del algún reloj suizo o unas vacaciones en Bahamas. Por mi parte, de poco puedo alardear; tengo una pensión precaria, he escrito nueve libros que sólo me han procurado gastos de mi bolsillo, tengo un blog en internet al que nadie se suscribe, y por si fuera poco la lotería me es adversa. Venturosos los Alvaros Vargas Llosa que reciben embajadas, se codean con la mejor sociedad y pueden presumir de la memoria de haber tenido un padre ilustre.


Experiencia del naufragio

Experiencia del naufragio

 Temerario me lancé al mar

y tuve la experiencia del naufragio,

Me cansé de batir con las olas

y palpé sus profundidades ciegas.

Era demasiada su vastedad

para abarcarla con mis cortos brazos,

sus abismos, sus corrientes, sus simas,

la variedad de especies, sus plantas,

sus algas y corales...

Conocía mi pequeñez solitaria,

el calado de sus espacios insondables

en los que sólo podría ser guiñapo

y la mar mortaja; sin embargo

braceé desesperado, confiando

en que todavía no había exhalado 

mi último aliento, en que todavía

no se había escrito mi última palabra

ni proferido el último lamento.

La pleamar me devolvió a la costa

destrozado y exangüe, herido

con lesiones que sólo el tiempo

sanaría, sumido el ánimo

en la soledad de un silencio

que las palabras no pueden llenar,

y, en el corazón roto, el enigma

de un misterio que descifrar.


Mirad San Marco!

 Qué esperabas encontrar en las cúpulas de San Marco...

¿ el peso de un tiempo que no pasa,

de un tiempo detenido en sus aromas, 

en una geometría de arcos y columnas

encerrada en artificios de añoranza,

entre el sabor de un viento salitroso

que trae el continuo sacrificio de la olas?

Los mármoles dormidos en la belleza 

de su trazo bizantino, los claros días

cuando el sol penetra el vidrio 

de sus colores en vibrante policromía.

Brillan las gemas de su ocaso

con la única actualidad del diario rito,

masacrado por viles muchedumbres,

entre rumores que vulneran su silencio

y la quietud de algún sepulcro solitario. 

Babel de voces que nunca encontrarán

el punto del rencuentro y errantes

peregrinan los corredores del tiempo

desde el amanecer hasta el crepúsculo,

cuando el sol pesaroso lame las cúpulas

con su ungüento de mieles mortecinas.

Aglomeración de elementos y de eras

en el testimonio veneciano de sus piedras.

Conglomerado disperso que trajo el mar

y que luego divulgó el viento a lo remoto.

De costas olvidadas trajo un fundamento,

dejando que la historia urdiera en secreto

donde se conjugan lo fiero y lo sagrado,

la confianza de símbolo egregio,

sobre un azur de estrellas y de sueños.

Cae la sombra como un velo,

opacas se vuelven las jorobas de su techo,

mates los brillantes mármoles,

decolorados sus cromáticos juegos,

confusos los contornos de su geometría, 

imprecisos sus segmentos,

flotando en la noche su cuadriga.

Parece no tener explicación

el laberinto que congrega su diseño,

el recargado dibujo que fue creciendo

encubriendo batallas, traiciones y tristezas,

aromas de santidad entre piedras que pudría

el lastre de los siglos con malogradas victorias

y el indiferente trascurso de los días.

Descontento

Descontento

 Cuando entraste en la librería

( nadie diría que aquel encuentro

fue fortuito),  sentí que me había

 reconciliado con la providencia;

no esperaba que se abriera la puerta

de los deleites del deseo, tantos años

cerrada por la rutina del desengaño.

Lo más hondo de mí ansiaba dar el paso,

traspasar el vano de su promesa,

que se cumplieran al fin

tantas esperanzas incumplidas;

pero, por crucial el momento,

 mi voluntad no obedecía,

encadenada a un destino de letra impresa,

para quien el amor sólo 

es un argumento de novela.

La vida era un río que corría ajeno

tras de mi ventana, pero al que yo

no accedía, enrocado y marchito

tras mi torre de palabras,

de conveniencias y de terrores.

Parece tarde para el amor,

para recibir con bendición su milagro,

cuando su dulce gozo semeja anquilosado,

con el amargor de una colmena seca,

y el corazón velado de indiferencia.

EL GATO

EL GATO

 El gato sueña en el alfeizar,

sumido en su mismidad,

dejando pasar al tiempo indeleble.

En su gesto impertérrito

parece no haber voluntad:

<<mientras tranquilo me halle

que más me da lo demás>>

El gato no siente lo ido

ni lo que vendrá. Nada

quiebra su majestuosidad

de ídolo oriental. Nuestra

presencia y las sombras

no lo conturbarán. Si acaso

el viento que trae cierto olor,

el sigilo fugaz de algún roedor.

Coprologías (sólo un poema)

Coprologías (sólo un poema)

 Hay un momento cada día, cuando cago,

donde recuerdo que soy mortal;

que esos residuos son aciagos

y comparten concomitancia con lo fatal.

Su función nos tilda perecederos,

formados de elementos comunes

donde participamos compañeros

del excremento y lo vil. Runrunes

otros oiremos, porque alma en ellos anida,

pero cual a las heces será el hado,

irrevocable y servil, pudridero...

Y aunque en su carne y hueso se halla la vida,

por mucho que miremos hacia otro lado,

no separaremos lo corrupto de lo mortal

ni libraremos el cuerpo de su destino final


La Vaca Sagrada y otros asuntos funerarios

La Vaca Sagrada y otros asuntos funerarios

 La muerte de dos mil hindúes en accidente ferroviario, aun tratándose de la mayor catástrofe de la historia del ferrocarril, es proporcionalmente menos transcendente que la muerte de dos mil indios sioux en cataclismo ferroviario o similar. Prevalece en ello una estimación cualitativa, en tanto que la equivalencia cuantitativa no exonera de que la pérdida de 2.000 sioux ( que colocaría a su especie en peligro de extinción) sea más gravosa que la de 2.000 hindúes de Cachemira, cuyo deceso tendría una mejor solución demográfica. El óbito de un vecino de Calcuta incide de forma menos resonante en este aspecto que la muerte de un Yanomami del Amazonas o de un aborigen australiano, esos que inventaron el boomerang y el canguro a la brasa.

El pasado nueve de junio se dio la noticia, aséptica como toda información de agencia: << Mueren dos mil indios en accidente ferroviario, que se prevé el más grave de la historia>>. Luego, precisando un tanto, se explicó que el accidente sobrevino al intentar esquivar el maquinista del convoy a una "vaca sagrada" que se había interpuesto en su trayectoria.

Queriendo dejar limpia su conciencia del espachurramiento de una sacra bestia india, el probo ferroviario ha cargado sobre sus espaldas con la masacre de dos millares de seres humanos. ¿ Dios lo quiso, como asimismo quiere la existencia de "vacas sagradas" y que los hindúes mueran por muchedumbres?

Es la "vaca sagrada" un emblema de la India, pese a su desmesurada cornamenta y su aislada jiba de camello mal desarrollado. En otro tiempo se señaló a esta hierática res como uno de los factores determinantes del hambre en la India, ante la prohibición rigurosa de consumir su carne y su leche y hacer uso de sus derivados. Pero esto siempre nos olió a cuerno quemado, asumiendo cual si fuera  satisfactorio el supuesto de que tanto las autoridades como el pueblo indio son cortos de miras.

Fue una misionera española, de las muchas que transitan aquellos hemisferios, a quien escuche hace tiempo en una charla, la que me aclaró más o menos esta cuestión. Decía, en palabras aproximadas, que los presuntos adoradores de este animal "tabú" no aceptaban, a pesar de esa congénita resignación y peculiar filosofía oriental que se les reconoce, el arbitrio de las autoridades religiosas sobre la reserva de no ingerir la carne de "vaca sagrada", recayendo para el trasgresor la mayor  severidad de los preceptos morales. El asunto no era tan obvio, y su complejidad radicaba (siempre según la misionera) en que las vacas indostánicas estaban, y suponemos que seguirán estando, tan flacas y famélicas como buena parte de la población hindú, y que aun sacrificando a todas las vacas del territorio, la carne resultante no daría ni para alimentar a la modesta comunidad cristiana de Bombay o Calcuta, y eso que ésta se conformaría con una ración de todo punto frugal.

Otro factor, junto a los ya citados de ineficacia gubernativa e invulnerabilidad del ganado bovino, que intervenía decisivamente en el problema subalimentario era el de la superpoblación, ese frenesí demográfico que nos retrata la India como una incalculable muchedumbre heterogénea, multicolor, pluriracial, venerando Budas en cuclillas, frecuentando templos mayestáticos, domesticando laboriosos elefantes grúa, y tocados con turbantes o resplandeciendo sus cráneos rapados bajo un sol de justicia, itinerantes en solemne procesión.

¿ Pero es el elevado índice de natalidad quizá una consecuencia de la torridez del clima o del celo de los dioses por poseer cada día más fieles que testifiquen sus obras y los defiendan de las deidades rivales; o sea, la pugna enconada entre Brahma, Buda y Alá? No han faltado las campañas gubernamentales encaminadas a poner freno a una irracional demografía. Pero todas las medidas propuestas, preventivas, pautales, farmacopeas o esterilizadoras han contado con el rechazo manifiesto de gran parte de la población.

Dos mil remotos muertos en la remota India aún nos suena tan lejano en la distancia como lejano en el tiempo lo hacen las guerras de Flandes. Y tiempo y distancia son los antídotos más eficaces para malos tragos y sinsabores. Dos mil remotos muertos en la India los olvidamos pronto, si nos atenemos al vértigo de nuestro siglo. La noticia de dos mil cadáveres sin nombre al descarrilarse un tren expreso, al sernos ofrecida como estadística impersonal, nos conturba menos que cualquier otra desgracia que nos toque mas de cerca, con las que a diario se nutre la página de sucesos. Aunque, al fin y al cabo, todo ello sólo conforma nuestras extrañas cuestiones rutinarias de parámetros y perspectivas.

LA INCONSTANCIA

LA INCONSTANCIA

 Por mucho tiempo fuiste deseo en mi carne,

razón, propósito, sueño,

cubriendo toda la extensión

que abarcaba mi ternura,

rutina de voluntad, costumbre cotidiana,

soplo que mi aliento expelía, 

cercana como el pensamiento,

gozo y tormento de corazón.

Hoy, sin embargo, miro en mi deseo

y no te contemplo, el destino que fuiste

contradijeron los hechos, su esperanza

cesó porque ya no se espera, lo que fuera

certeza, es ya memoria pasajera. 

De ello es culpable el tiempo, 

la inconstancia del deseo...

Acaso una máxima de Marco Aurelio.

SEGUIR VIVO

SEGUIR VIVO

 Seguir vivo es comprobar

que los años pasan, que al mirarte

a los ojos resaltarán las ojeras,

 que el vino ya no procura

la dulce ebriedad

sino cierta acidez estomacal,

que para cumplir con el amor

te basta con el deseo,

que las cicatrices ya no destacan,

acostumbrado a la rutina de mirarlas.

Ofertas viajeras de verano

Ofertas viajeras de verano

 Regresé de Asturias con una bronquitis bien consolidada, que ya había mostrado sus primeros síntomas antes  de emprender el viaje. ¿ Por qué escogí Asturias como destino vacacional? Pues precisamente porque la precaria pensión del estado no da para muchas posibilidades. Y porque cuando entró en Asturias es como si accediera a otro universo, cambia el clima, cambia la orografía, cambian las latitudes, y hasta cambia la geología. Es el segundo lugar de España que reconozco como hogar, tras de Alicante. Antiguamente a Asturias se entraba, para todos aquellos que procedíamos del sur, atravesando las montañas que la separan de León. Había que ascender hasta el puerto de Pajares por una carretera llena de dificultades o por una línea férrea no menos tortuosa. Hasta que no se alcanzaba Pola de Lena no se reconocía uno inmerso en pleno territorio Astur. Pero allí ya nos sorprendía la belleza de los valles mineros. Tanto el año pasado como éste he disfrutado de la comodidad que se ofrece al utilizar los larguísimos túneles ferroviarios que atraviesan la cordillera y que te llevan de León a Oviedo en una hora. Tiempo atrás se tardaba tanto en atravesar el territorio asturiano como de llegar de León a Madrid. Quizás exagere un poco, pero si se pudiera hoy día contrastar los tiempos se vería que no ando muy desencaminado.

Nada más regresar de Asturias, como digo, la bronquitis había agravado sus síntomas. Al segundo día en la tarde, notaba cierta falta de aire, el rostro abochornado y el pegajoso calor del verano alicantino que te obligaba a refugiarte junto al aire acondicionado. Tuve que acudir al médico en la mañana siguiente, y allí me administraron oxígeno junto a cierto tratamiento y me recetaron los fármacos necesarios para recuperar la salud. Nunca hasta ahora había utilizado un inhalador. Es la primera vez que reconozco que mi cuerpo cede ante un agente externo, incapaz de remontar por sí solo un cuadro respiratorio adverso. No sé si es que vamos para viejos, o que los virus de ahora no son como los de antes. Afortunadamente, ya me he repuesto.

El verano continúa. Por cierto en Alicante uno de los más bochornosos que recuerdo, donde no se para de sudar y donde tan agobiado se está dentro de casa como en la intemperie. Los promotores de viajes te tientan con ofertas sugestivas, que incitan a quitarte de encima el horrendo calor. Pero el horno no está para bollos, Otros veranos, estando yo bastante más optimista, me había dejado ver por Madrid. En éste me considero incapaz de soportar los 37 grados de ambiente seco que quizá asolen la capital. Si tocara la lotería, ya buscaría un lugar más placentero. Un lugar acaso menos trillado, tal vez algo más al norte pues a Andalucía le pasa como a Madrid, no hay quien la pise durante estos meses. Uno piensa en los tórridos mediodías y principios de tarde en Sevilla, Córdoba o Jaén y se le cae el alma a los pies.

VERANO

VERANO

 No hay otro propósito en verano

que huir del calor. Sorber

bebidas frías, comer helados,

devorar sandías, goteando

su jugo por los incisivos, ¡ qué delicia!.

Casi no se ocupa uno de vivir,

sino de salvar los inconvenientes del clima,

protegerse del sol y buscar la sombra

con la frente hecha papilla.

El sol todo lo calcina, al menos en mi tierra,

la ideas derrite y los relojes reblandece.

El tiempo bajo el sol querría ser eterno,

pues fluye sin interrupción

bajo un cielo claro y limpio

al que sólo desafía algún Ícaro,

cuando sólo la sombra da marcha

 a su cronómetro austero.

Es verano, y viene a ser cotidiana

la pereza. Poco incita a escribir,

porque se vive para afuera,

para las preocupaciones físicas

y el bienestar epidérmico. El calor,

la calor, que todo lo condiciona,

que procura sed inagotable,

sudores, sofocos, otra vez la pereza,

envidiando al pescado 

que se mantiene fresco en la nevera.

¡ Qué analogía tan cruda! 

No dudaría referirla 

al merluzo responsable  de estas líneas.


El ayer

El ayer

 Busco en Oviedo entre los rostros con quienes me cruzo alguno de los que conocí hace cincuenta y tantos años. No reconozco a ninguno. Unos pocos habrán medrado y serán costosos de ver, otros, acaso, habrán muerto. Hoy estoy como turista y no como lo estuve entonces, de chivo expiatorio. Los recuerdos se agolpan a mi memoria y humedecen mis ojos;  parecen tan presentes como lo cotidiano. En cualquier caso, no he venido a Asturias a recordar, sino a continuar camino.


A ESA FOTO

A ESA FOTO

 A esa foto antigua

del joven de uniforme,

con presencia lánguida

y mirada distraída

en hondas lejanías,

como sopesando íntimos temores.

Aún no había recibido

tu trayecto indeciso

las peores heridas,

los más amargos desengaños,

su reservada porción de dolores.

Su carrera de soledades comenzaba;

todavía la inocencia intacta;

desconocida aún la dura 

fatiga del deber ser,

la lealtades perdidas

y los insolidarios denuestos.

Hoy veo en tu faz al Ecce homo

al que en algún momento

deberemos parecernos.

Tu frágil constitución,

tu inconsistencia ensoñadora

ya acarreaba su via crucis, sus quebrantos, 

el mirar incierto de quien 

sin proponérselo indaga su porqué

y aguarda el día cuando la justicia

alcance el equilibrio.

.


ALICANTE EN HOGUERAS

 


Alicante un año más se dispone a disfrutar de su fiesta de Hogueras. En las encrucijadas se levantan los monumentos fogueriles, la música ya suena frenética en algunos puntos, y las calles se llenan de ociosos y mareados. Mucho han cambiado las fiestas desde aquella infancia de los 60 en que nuestros padres nos llevaban de la mano a recorrer las monumentales fallas de madera y cartón. Mucho han cambiado las fiestas y mucho ha cambiado la ciudad. De la alicante provinciana que aún mostraba sus carencias en los 60, hemos pasado a la ciudad desbordada de 2026. Alicante ya es una ciudad de multitudes, de contrastes, de imprevisible futuro. La forman ya multitud de etnias, de emigrantes que buscan su oportunidad; está ya presa del turismo de masas, tan alejado hoy de aquel puñado de norte europeos que visitaban la ciudad en los veranos. Los principales lugares de reunión y renombradas avenidas se ven abarrotados por una multitud en constante movimiento. Los naturales nos sentimos algo avasallados por semejante gentío; se hace ya difícil encontrar el sosiego, lo recoleto, lo vernáculo. Para hacerlo acaso haya que adentrarse por los barrios falderos del castillo de Santa Bárbara, en ese particular Plaka de nuestra reducida Atenas, el barrio de Santa Cruz. Pero allí ya no encontraremos nada genuino, sino unas viejas casas con la cara lavada y repintadas de un imaginario idilio. 

Desde hace más de 50 años pateo muchas tardes el centro de la ciudad y observo cómo tantas cosas han cambiado: cambian los nombres de las calles, las zonas de ocio, los numerosísimos comercios y viejos bares que hoy han cerrado, dando paso a otras nociones de mercantilismo. Lo esencial no cambia pero sí los usos y las gentes. Entre los que se han ido y los que han escampado resulta difícil tropezarse con algún viejo rostro. Porque para mi en Alicante hoy conviven los nuevo con los viejos recuerdos, ese tropel de memorias que me acompañan al torcer una esquina, al pasear por algún parque o al asomarme al puerto o el paseo marítimo, o al volver a pisar el ondulado mosaico de la Explanada, entre palmeras y parterres envueltos en tantos aromas de la adolescencia de su eterna primavera. 

Los pocos felices

Los pocos felices

 En estos últimos tiempos anda uno un poco descentrado. Los acontecimientos políticos en España absorben buena parte del tiempo libre de que se dispone. Como no paran de surgir escándalos, se sigue preocupado y con consternación cuanto descubren los medios "fangosos de la fachosfera". Ahora cobra un primer plano la realidad de unos comportamientos que durante años ha ido calando el tejido social. ¿ Por qué las narices españolas soportan impasibles el fétido hedor circundante? Posiblemente porque se hallan acostumbradas a él, porque lo han ido respirando cotidianamente a lo largo de sus vidas. Ya señalaba Jesucristo el hedor de los sepulcros blanqueados. En el siglo XIX Nietszche anunciaba que habíamos aniquilado a Dios; En el XX, admitimos que habíamos destruido la Verdad, para quedarnos en el XXI con la "posverdad", que no es más que un burda mentira, un fantástico relato que no hay dios que se lo crea.

Por mi parte creo que la solución a todo es la de replegarse eremítico a los personales intereses, laborar en aquello que nos hace crecer, pese a la resistencia de un mundo que trata de condenarte al mero silencio. No sé si los mecanismos de selección literaria adolecen de parejos vicios a los de otros sectores sociales. Sólo sé que he escrito 7 libros cuya repercusión ha sido menor a la de una hoja caída sobre la superficie del agua. Mis libros enmohecen en los anaqueles de las librerías, o sepultados bajo la avalancha de títulos que se ofrecen por internet, sin despertar nunca al lector de su desconocimiento o indiferencia. Teniendo como tengo más o menos el pasar resuelto, se insinúa la tentación de arrojar la toalla. Incluso el irrepetible Michael Jordan tuvo su momento de duda. Pero de una cosa estaba seguro: de que nadie podía hacer con el balón lo que él hacía. Algo me hace sentir que como él yo también puedo hacer algo especial con el lenguaje, en la novela, en la poesía, o cualquier otro género. Hete aquí que me asalta la fe de que lo que he escrito hasta ahora no es del todo desdeñable, que no desmerece en nada de lo que muchos otros con éxito multitudinario han publicado. No se podrá decir que me apego a la poltrona del éxito fácil; prometo por tanto que seguiré escribiendo, aunque sólo lo sepa yo, unos pocos felices, Dios.

Volvieron las blancas palomas en mi balcón...

Volvieron las blancas palomas en mi balcón...

 Han vuelto las palomas

y han llenado de cagadas mi balcón.

Pero a pesar del apestoso augurio

el sol ha brillado vigoroso

como suele en los epílogos de primavera.

Desde el cenit nos observa

con mirada indiferente,

luciendo impertérrito

sobre el acontecer humano.

Quisiéramos que por una vez 

nuestro pasar no fuera efímero,

a cuyos azares el astro es ajeno,

y que en algún lamento o cierto gozo

su calado penetrara las entrañas

palpitantes de los vivo.

No veo en este retornar de las palomas

nada romántico, pese a su albo plumón,

pese al bíblico vuelo con que se posan

y a su zureo misterioso.

No deja de ser esta invasión colombina 

otra señal que recuerda nuestra impotencia,

la resignación a un destino

ante el que nos vemos inermes

y que se cumplirá pese a todo denuedo.

Volvieron la blancas palomas

en mi balcón sus heces a dejar,

pero no trajeron venturosa primicia

de trinitaria aureola

sino hedor de estercolero

con su escatológica renuncia,

tomando mi balcón por palomar.

Ricos y Pobres

Ricos y Pobres

 En época de Franco y principios de la democracia en España, propulsados por el milagro de prosperidad de los años 60, los trabajadores tuvieron acceso a su plato de proteína diaria, a una vivienda propia, un modesto utilitario, y los más ahorrativos, o los pluriempleados, a una segunda vivienda o a algún terrenito en el que cultivar sus sueños oligarcas. El socialismo ha malogrado todo eso, ha vuelto ha revivir la pesadilla de ricos y pobres, culpable de todas las miserias del siglo XX.

Los versos del capitán, de Neruda

Los versos del capitán, de Neruda

 Hoy he comprado una edición de segunda mano de Los versos del capitán, de Pablo Neruda. Parece ser que la primera edición se publicó sin la firma del autor, osease sin el hombre del autor en la portada. El libro nos viene a recordar sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, sólo que estos versos con galones parecen estar dedicados a una sola mujer y a un único amor compartido. Curiosamente se publican después de su poemario más ambicioso, El canto general. Nacen de su relación con Matilde Urrutia, antes de su ruptura con Celia del Carril. Poseen, por tanto, tales estrofas una conciencia adulterina, aunque en ellas parezca renovarse el amor. Reconozco en su desarrollo la fertilidad de la pluma de Neruda que sabe exprimir el máximo jugo de sus vivencias.

Yo, que ya rondo los setenta, advierto que dedicar un libro entero a una sola mujer resulta algo indecoroso, tal vez abrumador, redundante cuando menos. Y es que a estas edades lo del enamoramiento se presenta como un recuerdo vago de otros tiempos, como una piedra en la que se evita volver a tropezar, y que si, pese a todo, se diera nuevamente carecería del fuego devorador que reviste en la juventud. Me parece excesivo dedicar por entero un libro de poemas a una sola mujer, no por una reserva ante la sentimentalidad del poeta, sino no por consideración al lector, que quizá juzgue monótono abundar en una misma emoción, con reiteraciones que acaso resulten faltas de tacto o acaso presuntuosas.

Palabras insepultas

Palabras insepultas

 Sé que el recuerdo sepulta las palabras

pero su médula se incrusta

en lo callado y allí permanece

hasta que la voz, sin quererlo, la emite.

No puede callar la queja, ni solapar tristeza,

no puede ignorar la dicha, tampoco

la esperanza cuya fe abraza, la nostalgia 

de momentos que justificaron lo amargo,

la llama ávida del deseo, la resonancia

de su voluntad en la garganta, el grito

desesperado con que alcanzar lo cósmico,

la miel del amor en la flor de los labios,

lo no nombrado en el alma de un verso.


Retrato

Retrato

 Ni un Mañara ni un Tenorio he sido,

De mustio laurel se coronó mi fama.

Más que seductor fui seducido,

su modesto pasar mi leyenda proclama.


No compartí la suerte de Aquiles 

ni cabe aguardar que mis días sean largos,

Fue mi afán no contar entre los viles

y un legado falto de frutos amargos.


Si algún mal hice lo purgó mi carne

con el peso largo de la desdicha.

Lo mejor que supe apañé sus trizas.


Que mi sendero de Dios no se aparte

y prevalezca de la virtud su hambre,

deseo que vida noble garantiza.



Visión

 Visión

 Aún se teñía de grises la alborada,

cubría el monte una capa neblinosa

que envolvía la húmeda verdura.

La mañana se anunciaba con luz indecisa,

la mañana como pan reciente,

la mañana nos cernía sin promesas

abriendo los claros de los caminos,

de los senderos entre boñigas de vaca,

que se estrechaban, cercados de maleza,

asediados por insectos; hacia un lado

marañas de eucaliptus, la marcha acompasada,

el peso del esfuerzo, el tiempo que resuelve

en aporía de Aquiles, sin limites

su laberinto. 

Habrá un momento donde acabe la jornada.

La lluvia arrecia. Todo parece incierto.

Al doblar un repecho, la calzada. El cielo

se hace más claro. Frente a nosotros, inesperado, el templo.

¡ Qué importa la lluvia, el fango, la ineludible carga!

Aún queda en el recuerdo

Aún queda en el recuerdo

 Aún queda en el recuerdo

el cobijo de las barcas, la arena blanda,

la brisa adormecida en el rosa del crepúsculo.

Queríamos saber lo que encerraba

ese futuro por delante, quiénes seríamos,

sin una bola mágica,

mirando como augurio el romper de olas en la playa,

en unidad estrecha que recogiera el tiempo entero;

porque algo nos decía la incesante ondulación del agua,

su rumor remoto como el fondo de una concha,

el trecho de cielo que surcaba una gaviota,

el impostado ademán reflexivo, el humo del cigarrillo

que el viento llevaba raudo mientras inflamaba el ascua.

Abrazados a nuestra rodillas dejábamos que la tarde pasara,

como impávidos mascarones,

midiéndola con otro rigor que el del reloj en la pulsera,

siguiendo con los ojos la nubes que deshilachaban,

para posarlos luego en la luna

como en un lunar de plata que atería la sombra verdosa

de las aguas, y el cielo oscureciéndose plácido

sobre el yate anclado en la tersura marina

cual un alfiler de corbata,

perpendicular al horizontal paisaje

de ondulados pliegues.

Entonces sentíamos la tarde rendida,

los momentos que se llenaban de irrelevancia,

la arena que escapaba entre los dedos,

la pesadumbre de otra tarde malograda,

descreídos de que nuestra pequeñez

nunca podría contener del todo

esa plenitud precisa que nos hiciera dichosos.


Qué tedio volver a casa con las sombras ya instaladas

y encontrarse con las mismas vergüenzas rutinarias,

la mismas indolencias acumuladas,

el recuento de dudas que no se resolvían

la desesperanza...

desplomado en la cama con la mirada fija en el techo,

que imponía su límite de fatalidad y estatura,

rotas las ansias,

todavía vestidos, retomando los hábitos desgastados.

Porque nadie nos había dicho que salirse con la suya

era una forma de ir perdiéndose día a día,

como entrar al trapo de una vida desperdiciada

donde cualquier esperanza era lejana

pero creíamos, no obstante, que todo permanecería,

como el mismo sol que cada mañana levantaba

con los mismos inconvenientes en casa

tendiendo su trampa,

las amistades que no duraban,

el sueño de amor que se escapaba

con el semen entre las sábanas

y de nuevo todo comenzaba.


La soledad

La soledad

 La mar. El día claro.

La brisa que acaricia.

Las huellas del camino.

El tiempo acompasado.

La mente que medita

el sueño de los años.

El sol es el testigo,

la realidad su sombra,

el existir enigma.

Delatará el silencio

su magnitud encriptada,

la infinidad de estrellas

que la mañana apaga.

Tendrán razón los ojos

sin escocer sus lágrimas, 

la conciencia ausente

sin la palabra en ciernes...

su poso, la duda amarga. 

El día. La mar. La soledad. 

La calma.

SI YO TUVIERA ESAS RESPUESTAS

SI YO TUVIERA ESAS RESPUESTAS

 Si yo tuviera esas respuestas

y conociera los secretos más ocultos

y comprendiera todo el dolor

que se recoge en un lágrima

y pudiera hacer caminar a los tullidos

o encender una luz en la tiniebla

pero no tengo ni oro ni plata

y carezco de cualquier poder sobre las cosas

mis manos están vacías

mis huesos cargados de años

mi esperanza despojada  y el ánimo contrito

yo quisiera tener una rosa que ofrecerte

palpitantes sus tiernos pétalos

el color aún encendido y llena de fragancia

quisiera que esta dádiva contuviera

el firme pulso de la vida

el frescor de una lozana fruta

la potestad de una palabra 

en la boca de el Mesías

Cielo


 Cielo de transparencia azul,

que proyectas tu reflejo

hasta el cristal del alma,

candente de mañana pura

cuando a la entraña penetras.

¡ Rasga con tu cuchillo de éter

 esa ausencia que mi soledad 

entrevera, hasta sajar en su tejido

el frío que las lágrimas dejan!

Al Doncel de Sigüenza


Indiferente sobre tus huesos estás tendido,

distraído el ánimo en la lectura del libro 

que sostienes entre las manos como queriendo

atrapar el mundo con la mirada

que divaga en esa sombra que pasa.

Ya lejos quedan los episodios marciales,

los fieros lances y las heridas de batalla,

la muerte en las vegas de Granada;

te rodean las mórbidas estatuas familiares

de esa alcurnia que ya dejó su huella honda

en el tiempo y en la permanencia de  las lápidas.

Mausoleo de inquietante silencio

y espectral transparencia en donde yaces

aguardando que ese mármol se haga vida,

en el rigor montañés del corazón de España.

La victoria ya la tienes, por tu espada

de merecidos galardones; por tu fama

inscrita en ese libro donde lees lo efímero

de nuestra vida pasajera y descubres

la condición de los pueblos y las gentes.

Cementerio de Horche

Cementerio de Horche

 El hombre es vida de la tierra,

 no sombra del asfalto.

Criatura de sol y de agua,

de raíces afianzadas como árboles.

La mañana levanta el aliento

de la tierra en su pálpito;

vienen aromas dispersos,

ecos amortiguados entre silencios,

adolescencia de sueños.

Nada parece alterar la paz

de ese cementerio

donde los huesos gozan el reposo 

esperando su momento.

BLADE RUNNER

BLADE RUNNER

 noche tormentosa de lluvia ácida 

estertores de fuego

vértigo de precipicio retumbando en el misterio

jungla de edificios 

                 pantallas led y fosforescencias halógenas

(imagen de enorme geisha relamiéndose entre remilgos orientales)

atmósfera brumosa

                               apocalípticos preludios

              Coca Cola autos voladores 

luciérnagas mecánicas

silencios sombríos de atardeceres

un ojo que escruta el bullicio de colmena

una aeronave sobrevuela pregonando anuncios

de otros mundos con más óptimos recursos

transeúntes apresurados con paraguas luminosos

                        bicicletas

frenesí de ciudad a la deriva

                                un disparo entre la multitud

la muerte de una crisálida

                                        heterogénea Babel

                  copiosa lluvia

identidades dudosas

                              retales de vida

la soledad tras de cada esquina

                                       El tiempo que escapa

                   La muerte  y la nostalgia


Tu casa vacía

Tu casa vacía

 Paso frente a tu casa y presiento

la quietud del abandono; donde

antes iluminaba tu presencia

sólo colea un reguero de alma ausente.

Camino como una sombra

frente a su fachada inmóvil 

de soledad sin voces, donde

ya ni las plantas crecen. Me falta

ese presentimiento de sentirte

tras de la ventana, transida

de un anhelo que busca quien lo habite.

 Con tu fatalidad marchaste 

sin decir que te marchabas

y dejaste con tu abandono un recuerdo

nostálgico que palomas sobrevuelan

meciendo el tiempo bajo sus alas.

Un tiempo desnudo, de constancia huera

que atormenta con el compás binario

 de su péndulo y el gotear de arena.

Mis ojos ya no se miran en tu mirada,

mis brazos inútiles son sin el abrazo,

en mi corazón de tu calor no quedan brasas,

y mis hombros se sobrecargan

de un pesar triste, incapaz

de exhalar un mal lamento.

Callada ausencia de estéril trayecto,

como si la posibilidad tuviese márgenes

y el alma fuera un bajel atrapado en su botella.

Mas si te volviera a ver...si la vida fuera

como un libro que se pudiera cerrar,

y se contara con una prolija biblioteca

donde gozar muy distintos manuscritos,

y fuera la esperanza mar de singladura...

Tal vez tenga algo de lo que muchos carecen,

pero mis días ya no son míos

y no tienen a quién pertenecer;

mis noches... para qué nombrarlas!

No quiero esa tiniebla que se palpa;

quisiera la mañana de tu cuerpo

despertando entre el gozo de mis sábanas.

EL TRANSEÚNTE

EL TRANSEÚNTE

 Lo veo pasar muchas tardes desde el rincón en donde suelo mendigar. Debe de ser hombre de costumbres metódicas, pues a una hora bien aproximada del día pasa frente a mí. Es su caminar sosegado, como de quien carece de apreturas que impulsen a acelerar la marcha. No es como yo, que no tengo donde caerme muerto; el, seguramente, poseerá un mullido lecho donde conciliar el sueño. Hay algo en él que lo hace parecer distante. Es raro verlo acompañado. Debe de tratarse de algún desengañado. Su aspecto es saludable, con cierta tendencia a la gordura; aunque mantiene un evidente vigor atlético. Debe de haber llevado una vida de trabajos en cierto sentido "duros". Por los horarios en que pasea sin duda estará jubilado. No sé hasta que punto dispondrá de una pensión holgada. Pero se me antoja que la remuneración no llega a cubrir todas sus necesidades, pues lo veo penetrar cada tarde en la administración de loterías, y guardar a la salida sus apuestas en la cartera. Seguramente, como tantos, anda soñando con que le toque el gordo o un pleno de la Primitiva. No, no es el hombre excelente que podría llegar a ser, pues anda consolándose con baldías esperanzas. No, no debe de ser del todo de esos que sujetan al toro por los cuernos. Se permite veleidades. Casi diariamente repite un mismo itinerario. La ciudad le es hostil, pues soslaya trayectos que le desagradan. No en todos ellos encuentra lo que busca. Su experiencia le dicta que no conviene adentrarse en determinadas zonas, ni frecuentar determinados establecimientos. Cuando se conoce el mundo, poco se puede esperar de él. Cada cual nace con su sanmartín. Yo me restrinjo a los pocos céntimos que caen en la escudilla. El ciudadano también debe de tener marcadas sus limitaciones. Viste con aseo; con ropa no excesivamente cara. Usa zapatillas. No le veo nunca fumar. No sé si bebe. Supongo que, como todos, echará alguna cana al aire de cuando en cuando. Pero no me gustaría precipitarme. No habitúa acompañarse por mujeres. Conforme están los tiempos, cualquiera sabe. Tampoco pasea con niños ni jóvenes. Tal vez no tenga hijos. Hay en él algo extraño. Acaso su biografía no esté del todo limpia. Debe tratarse de un individuo algo insociable, pero el que esté sin pecado...No, no es, aparentemente, un tipo propenso a las amistades. Aseguraría que con él no convendría jugarse los cuartos. Porque también el flaquea, aunque trate de disimularlo; como todos se halla sujeto por una maraña de convenciones, de rígidas barreras que le impiden liberarse de su vida convencional, de esos paseos rutinarios, cronometrados, sin objetivo aparente salvo el de favorecer un buen estado físico. ¿ Por  qué caminas sin dirección concreta, buscando pero sin querer encontrar? Esta clase de gente me revienta, parecen afligidos pero sin un motivo claro; tienen la vida asegurada y sin embargo parecen insatisfechos. Quisiera verlos en mi condición, viendo llegar la noche y no tener un lecho para el descanso, oír ronronear las tripas y carecer de un pedazo de pan que echarse a la boca, padecer la helada invernal y estar sin abrigo con que taparse. En mi situación quisiera yo verlos. Yo yazgo en este rincón de la calle porque no tengo lugar a dónde ir en este mundo, pero y él, y él?...seguramente igual que yo en mitad de la noche se despierta sudoroso y angustiado, soportando el gotear del tiempo que cae hasta  él fondo de un pozo sin significado y la garganta quiere gritar pero sin saber a qué responde ese grito  desesperado, del que participa todo bicho viviente ante la desolación sin respuesta que nos rodea y nos ahoga con esa bola pesada en la garganta que no podemos vomitar. Es curioso, el individuo ha pasado frente a mí y ha dejado caer un moneda en la escudilla.



Vida Eterna

Vida Eterna

Que poco rato dura la vida eterna

por el túnel de tus piernas

entre Córdoba y Maipú

( J. Sabina)



Si la vida eterna se encontrara

en el cumplimiento de algún coito,

si su colofón coronara

la hoja noble del olivo,

si penetrara con la mañana

al abrir de par en par la ventana,

si su aliento embalsamara

el descuento del tiempo que se va...

Si conociera de cerca el mensaje 

que su heraldo proclama

para  pagar el obligado peaje

que corresponde a la culpa de Adán,

cuando bajo la sombra arbolada

el fruto inquietante arrancó.

Como crío enfurruñado, 

la mano providente mordió

y quedó sin luz bajo la venda,

entre un corro que juega 

a la gallina ciega. Sobrecogido 

por el terror de otras voces,

avergonzado de sus vergüenzas huyó.

Había perdido el inocente olvido,

momento imperecedero mesura se tornó,

sujetando el cabo de un hilo

del que tiraba y tiraba sin encontrar final,

hasta que la guadaña lo vino a cortar

y fue preciso un sacrificio de cruz

para volverlo a hilvanar,

todo guirnalda de luz,

gozo que sabe a eterna vida 

que nunca atenúa, donde

nada hay contingente o baldío,

venero necesario de incesante

acopio, deleite sin deseo,

permanencia sin fragmentos,

lugar sin geografía. Crisol

del espacio-tiempo. Aurora detenida.

Si me sepultan lejos

Si me sepultan lejos

 Si me sepultan lejos,

no habrá quien me traiga flores,

sólo sabrán de mí los elementos

y el íntimo frío del silencio.

Me recordarán, anónimo, los albores,

las tardes serenas de melancolía.


Porque hay en mí una sed

de paisajes peregrinos

como un eco de remotas sirenas

incitándome tras la línea marina,

fértil en auspicios de anhelo

cuyos rumbos son azarosos.

Quisiera proyectarme

hacia donde las nubes parten,

como un meteoro en los cielos,

cumpliéndome en los sueños

que la vida promete, cual alegres

periplos que abandonan fondeaderos.




ENTRADA PUBLICITARIA

  








https://www.santosochoa.es/libros/julia-moreno-francisco_oros-y-herrumbre_9788412687668

https://www.agapea.com/Francisco-Julia-Moreno/Rumores-de-hojarasca-9788412833621-i.htm?srsltid=AfmBOoqgbYEf1TPBLTPI6du01RFK_NKup8-r3OfO4ZqTSkYyiA3v-YCs

 

Naamán el sirio PUBLICIDAD

 En el siglo noveno (a C), siendo Joram rey de Israel y mientras Salmanasar III ejercía el dominio sobre el País de los Ríos, ocupaba el trono de Siria Ben Adad I, quien cifraba su poderío, más allá del hierro de sus espadas y la fuerza arrolladora de sus carros de guerra, en la excelencia de sus generales, de los cuales el que tenía en mas estima era Naamán. Al león se le comparaba por su bravura, y a la serpiente por su prudencia; con sus triunfos había coronado las glorias de Siria. Pues la magnitud de sus hazañas guerreras y certera sabiduría habían librado el país de amenazantes peligros y proporcionado pruebas porfiadas de lealtad a su rey, por las que éste no tenía por menos que estarle agradecido. Victorioso en sus campañas en Biblos y Qadesh, había guerreado contra Israel y aconsejado establecer favorables alianzas con Tiro y Sidón, que proporcionaran a Siria una salida estratégica al mar; vencedor en las fronteras de Aram y temido en el asedio de Mari, fortaleció lazos mediante provechosas embajadas con Nínive y Acad que debilitaran la hegemonía de Babel y Asur; viajero en la olvidada Mitanni, a su regreso dio a conocer a Ben Adad el más excelente metal sagrado que templaran los hititas. Conforme a sus méritos, como justo consejero e invicto conductor de sus bravos guerreros era celebrado por los damascenos.


 Era, sin embargo, Ben Adad desconfiado como todos los reyes, y esta misma desconfianza le hacía tornarse codicioso. Mientras tendía alianzas con sus vecinos, de la voluntad de concordia nacía el deseo de conquista. Adoraba a Hadad Rimón como el todopoderoso, pero su recelosa volubilidad sólo fiaba de la superstición....


                        ADQUIERE UN EJEMPLAR DE NAAMÁN EL SIRIO
                                  NO TE DEFRAUDARÁ

La máscara del héroe

La máscara del héroe

 Es triste saber que cuando uno indaga

comprueba que entre los hombres

no hay esperanza, que el envés de los héroes

es ser un canalla, que el ideal es un velo

tras el que encubrir lo obsceno.

Aun del elegido sólo se muestra la máscara,

que al arrancarla sólo manifiesta las lacras:

es el honor astucia artera; el valor, desatemperanza.

Si es misión de los pueblos 

contemplarse en tal espejo,

se comprende el desafuero, la injusticia,

la desventura sin consuelo

que deberemos arrostrar hasta el fin de los tiempos.


propuesta publicitaria

 





ELIGE TUS LECTURAS SEGÚN TU "CRITERIO", QUE NO ES EL DE  BALMES NI EL DE NINGÚN OTRO.

A LOS PUEBLOS... ( adiós a las armas)

A LOS PUEBLOS... ( adiós a las armas)

 El gobierno sin argumentos,

cuando el juicio al instinto cede,

 malogra toda esperanza,

llena el corazón de silencio

y escucha el clamor de las armas.

No hay justicia cuando los fusiles hablan,

cuando a la razón desoyes

y con la violencia pactas.

No habrá más fruto que muerte,

yermo terreno sin flores,

desolación en las almas;

en lugar de vida, mortaja.

¡ Malhadados los pueblos

que fían su decisión en las balas.

No tendrán laurel ni provecho

sino la fría extensión de una lápida!

Amargos postulados

Amargos postulados

 Tardé bastante en comprender

que una mujer no es un camarada

y que un camarada no es un amigo,

que las heridas no sanan

sin cicatrices ni sin lágrimas,

que la adversidad nos derrota

cuando se ignora el peligro.

Tales postulados amargos

no los creo un aserto categórico,

sólo son constancias de camino,

cuando se vuelve condena

un mismo error repetido,

como cuando cadenas son los lamentos,

 y sentencias los desesperanzados gritos.

Procura cada mañana renacer

al desnudo día celebrando su milagro

de inocencia invulnerada;

no empañan los recuerdos al sol,

ni entorpece el vuelo de los pájaros.

Caminar, sin dar señal de gran fatiga...

Breve reflexión sobre la narrativa

Breve reflexión sobre la narrativa

 Hay eruditos del relato que cifran el logro narrativo en la exposición de una historia bien contada, en el desarrollo de un argumento de forma clara, directa y ausente de concesiones retóricas. Yo pregunto: ¿ es ésta la culminación del sumun literario?. La tradición inglesa nos ha aportado bastantes ejemplos en este sentido, basando la tarea del narrador en la habilidad de contar. Pero ¿ debe ceñirse todo el afán literario en la consecución de este logro? Tan polvo y paja es la superflua retórica como la ineficacia narrativa. Mirando todo el quehacer de las letras entre ese estrecho ángulo, se renuncia a gran parte de la fertilidad creativa, descartando aportaciones que sería erróneo obviar. El Buscón no sería el Buscón sin el vestido que lo recubre. El desnudo por sí solo resulta romo; se realza bastante con un añadido, aunque sea de detalle. ¿ Quién es el que reduce la meta al mero buen narrar, quizá la deriva de nuestro tiempo? Las fresas saben mejor con nata.

Pleno sol

Pleno sol

 ...traigo conmigo el sudor de muchas leguas,

el polvo adherido a los andrajos,

los alacranes agarrándose a los zapatos,

y el sol,

el sol tórrido aplastando mi entusiasmo,

resecando la saliva, 

debilitándome hasta el último aliento,

avistando un horizonte difuso como un espejismo,

avanzando por un sendero pedregoso de incierto destino...

pero no dejaría de andar;

andar me justifica, andar

hace razonable el absurdo,

confiere un propósito al silencio que acompaña,

encuentra su motivo en sortear los escollos del camino;

paso tras paso se crea una conciencia de meta,

se descubre otra perspectiva.

Puesto que ando, existirá un momento necesario

donde mi zancada se detenga...

mi misión concluye cuando la ruta acabe;

su más allá no me compete.

Ahí reside la finalidad de andar.

Caminemos, pues...

tengo por seguro que si prosigo la marcha llegaré a alguna parte,

veré otros días que me esperan

en climas templados sin rigores

donde refresque la delicia de una fuente,

donde el sol suavice sus ardores

y el pleno día  remita su castigo

dando paso al remanso benigno de la tarde,

a cobijo de una sombra amable

que alivie del esfuerzo mantenido.

Mi poesía

Mi poesía

 Mi poesía viene de la soledad,

no se la encuentra en la compañía.

Surge de su seno a pleno pulmón

y se propaga como el grito, en la distancia.

Su llama anida en el corazón,

forjada en el crisol de su verdad,

donde no cabe engaño  o palabra huera,

falacia, ardid ni altanería.

Su voz busca oídos que la oigan,

complacencia en el alma estremecida,

entraña fértil donde germinar,

silencio, que con su numen redima.