Tardé bastante en comprender
que una mujer no es un camarada
y que un camarada no es un amigo,
que las heridas no sanan
sin cicatrices ni sin lágrimas,
que la adversidad nos derrota
cuando se ignora el peligro.
Tales postulados amargos
no los creo un aserto categórico,
sólo son constancias de camino,
cuando se vuelve condena
un mismo error repetido,
como cuando cadenas son los lamentos,
y sentencias los desesperanzados gritos.
Procura cada mañana renacer
al desnudo día celebrando su milagro
de inocencia invulnerada;
no empañan los recuerdos al sol,
ni entorpece el vuelo de los pájaros.
Caminar, sin dar señal de gran fatiga...
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