Volvieron las blancas palomas en mi balcón...

Volvieron las blancas palomas en mi balcón...

 Han vuelto las palomas

y han llenado de cagadas mi balcón.

Pero a pesar del apestoso augurio

el sol ha brillado vigoroso

como suele en los epílogos de primavera.

Desde el cenit nos observa

con mirada indiferente,

luciendo impertérrito

sobre el acontecer humano.

Quisiéramos que por una vez 

nuestro pasar no fuera efímero,

a cuyos azares el astro es ajeno,

y que en algún lamento o cierto gozo

su calado penetrara las entrañas

palpitantes de los vivo.

No veo en este retornar de las palomas

nada romántico, pese a su albo plumón,

pese al bíblico vuelo con que se posan

y a su zureo misterioso.

No deja de ser esta invasión colombina 

otra señal que recuerda nuestra impotencia,

la resignación a un destino

ante el que nos vemos inermes

y que se cumplirá pese a todo denuedo.

Volvieron la blancas palomas

en mi balcón sus heces a dejar,

pero no trajeron venturosa primicia

de trinitaria aureola

sino hedor de estercolero

con su escatológica renuncia,

tomando mi balcón por palomar.

Ricos y Pobres

Ricos y Pobres

 En época de Franco y principios de la democracia en España, propulsados por el milagro de prosperidad de los años 60, los trabajadores tuvieron acceso a su plato de proteína diaria, a una vivienda propia, un modesto utilitario, y los más ahorrativos, o los pluriempleados, a una segunda vivienda o a algún terrenito en el que cultivar sus sueños de propietarios. El socialismo ha malogrado todo eso, ha vuelto ha revivir la pesadilla de ricos y pobres, culpable de todas las miserias del siglo XX.

Los versos del capitán, de Neruda

Los versos del capitán, de Neruda

 Hoy he comprado una edición de segunda mano de Los versos del capitán, de Pablo Neruda. Parece ser que la primera edición se publicó sin la firma del autor, osease sin el hombre del autor en la portada. El libro nos viene a recordar sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, sólo que estos versos con galones parecen estar dedicados a una sola mujer y a un único amor compartido. Curiosamente se publican después de su poemario más ambicioso, El canto general. Nacen de su relación con Matilde Urrutia, antes de su ruptura con Celia del Carril. Poseen, por tanto, tales estrofas una conciencia adulterina, aunque en ellas parezca renovarse el amor. Reconozco en su desarrollo la fertilidad de la pluma de Neruda que sabe exprimir el máximo jugo de sus vivencias.

Yo, que ya rondo los setenta, advierto que dedicar un libro entero a una sola mujer resulta algo indecoroso, tal vez abrumador, redundante cuando menos. Y es que a estas edades lo del enamoramiento se presenta como un recuerdo vago de otros tiempos, como una piedra en la que se evita volver a tropezar, y que si, pese a todo, se diera nuevamente carecería del fuego devorador que reviste en la juventud. Me parece excesivo dedicar por entero un libro de poemas a una sola mujer, no por una reserva ante la sentimentalidad del poeta, sino no por consideración al lector, que quizá juzgue monótono abundar en una misma emoción, con reiteraciones que acaso resulten faltas de tacto o acaso presuntuosas.

Palabras insepultas

Palabras insepultas

 Sé que el recuerdo sepulta las palabras

pero su médula se incrusta

en lo callado y allí permanece

hasta que la voz, sin quererlo, la emite.

No puede callar la queja, ni solapar tristeza,

no puede ignorar la dicha, tampoco

la esperanza cuya fe abraza, la nostalgia 

de momentos que justificaron lo amargo,

la llama ávida del deseo, la resonancia

de su voluntad en la garganta, el grito

desesperado con que alcanzar lo cósmico,

la miel del amor en la flor de los labios,

lo no nombrado en el alma de un verso.


Retrato

Retrato

 Ni un Mañara ni un Tenorio he sido,

De mustio laurel se coronó mi fama.

Más que seductor fui seducido,

su modesto pasar mi leyenda proclama.


No compartí la suerte de Aquiles 

ni cabe aguardar que mis días sean largos,

Fue mi afán no contar entre los viles

y un legado falto de frutos amargos.


Si algún mal hice lo purgó mi carne

con el peso largo de la desdicha.

Lo mejor que supe apañé sus trizas.


Que mi sendero de Dios no se aparte

y prevalezca de la virtud su hambre,

deseo que vida noble garantiza.