Aún queda en el recuerdo

 Aún queda en el recuerdo

el cobijo de las barcas, la arena blanda,

la brisa adormecida en el rosa del crepúsculo.

Queríamos saber lo que encerraba

ese futuro por delante, quiénes seríamos,

sin una bola mágica,

mirando como augurio el romper de olas en la playa,

en unidad estrecha que recogiera el tiempo entero;

porque algo nos decía la incesante ondulación del agua,

su rumor remoto como el fondo de una concha,

el trecho de cielo que surcaba una gaviota,

el impostado ademán reflexivo, el humo del cigarrillo

que el viento llevaba raudo mientras inflamaba el ascua.

Abrazados a nuestra rodillas dejábamos que la tarde pasara,

como impávidos mascarones,

midiéndola con otro rigor que el del reloj en la pulsera,

siguiendo con los ojos la nubes que deshilachaban,

para posarlos luego en la luna

como en un lunar de plata que atería la sombra verdosa

de las aguas, y el cielo oscureciéndose plácido

sobre el yate anclado en la tersura marina

cual un alfiler de corbata,

perpendicular al horizontal paisaje

de ondulados pliegues.

Entonces sentíamos la tarde rendida,

los momentos que se llenaban de irrelevancia,

la arena que escapaba entre los dedos,

la pesadumbre de otra tarde malograda,

descreídos de que nuestra pequeñez

nunca podría contener del todo

esa plenitud precisa que nos hiciera dichosos.


Qué tedio volver a casa con las sombras ya instaladas

y encontrarse con las mismas vergüenzas rutinarias,

la mismas indolencias acumuladas,

el recuento de dudas que no se resolvían

la desesperanza...

desplomado en la cama con la mirada fija en el techo,

que imponía su límite de fatalidad y estatura,

rotas las ansias,

todavía vestidos, retomando los hábitos desgastados.

Porque nadie nos había dicho que salirse con la suya

era una forma de ir perdiéndose día a día,

como entrar al trapo de una vida desperdiciada

donde cualquier esperanza era lejana

pero creíamos, no obstante, que todo permanecería,

como el mismo sol que cada mañana levantaba

con los mismos inconvenientes en casa

tendiendo su trampa,

las amistades que no duraban,

el sueño de amor que se escapaba

con el semen entre las sábanas

y de nuevo todo comenzaba.


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Francisco Juliá

Soy Francisco Juliá, y el deseo de este blog es llegar al mayor número de lectores, compartir una hermandad a la que nos invita lo íntimo de la conciencia.

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