El gobierno sin argumentos,
cuando el juicio al instinto cede,
malogra toda esperanza,
llena el corazón de silencio
y escucha el clamor de las armas.
No hay justicia cuando los fusiles hablan,
cuando a la razón desoyes
y con la violencia pactas.
No habrá más fruto que muerte,
yermo terreno sin flores,
desolación en las almas,
en lugar de vida, mortaja.
¡ Malhadados los pueblos
que fían su decisión en las balas.
No tendrán laurel ni provecho
sino la fría extensión de una lápida!