LITERATURA Y CINE

La simbiosis entre literatura y cine a lo largo de la historia ofrece resultados bastante ambivalentes. En consecuencia, porque son medios de expresión totalmente distintos. En el uno es la palabra el material que se depura en su particular crisol, mientras en el otro el vehículo semántico lo constituye la imagen. Tuvieron su encuentro cuando alguien, en los albores del septimo arte, concluyó que el objetivo
 de un film consistía en la destreza de contar una historia en imágenes. Luego llegó el sonoro, y límite que diferenciaba ambas disciplinas se volvio más difuso, hasta el punto que ambas tareas se conformaron en vedaderos basos comunicantes.

Muchas películas han debido su éxito a la consecuencia de un buen guión, extraído las más veces de una consolidada fuente literaria: en su mayoria novelas que tuvieron mayor o menor repercusión como obra escrita. De ahí ese galardón que se otorga en la velada de los oscars al mejor guión adaptado. Pero si adaptar obras literarias fue una venturosa alternativa del cine, hoy asistimos claramente al fenomeno contrario: el de adaptar películas a lo que hoy de denomina formato de papel, principal vehículo durante siglos de la obra literaria. Aparte del éxito que pueda generarse de dichas traslaciones, el hecho es que se trata de una actividad corriente por parte de la editoriales.

De las adaptaciones llevadas al cine de las más memorables obras leterarias, en mi opinión, en la mayoria de los casos, han resultado grandes fiascos. Acaso porque se ha tratado de emular en imágenes unas obras que en lo literario eran sobradamente perfectas: tales  son los casos de Madame Bovary, Ana Karenina, Los Miserables o Guerra y Paz. Las grandes novelas siempre han resultado a la postre frustradas películas.Y solo han gozado de una razonable aceptación aquellas en que como obra acabada la pelicula supera a la novela, casos de creaciones literarias de segundo orden, con escaso eco de crítica y  lectores cuando fueron fraguadas. Creo que en la historia del septimo arte raramente se da el caso en que obras literarias de entidad han llegado a ser igualadas o aun superadas en la versión cinematográfica. Tal circunstacia se ha dado cuando éstas han caído en manos de directores creativos, como fueron los casos de Kubrick o David Lean. En ningún caso el Barry Lindon de Thakeray hubiera alcanzado la excelencia que transpira el film de Kubrick o el Doctor Zhivago de Pasternak hubiera igualado la bellaza expositiva de Lean. Pero ahora, tras muchos años, cuando me decido a abordar la obra de Pasternak, comprendo que pelicula y novela parten y concluyen de premisas totalmente distintas.
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Francisco Juliá

Soy Francisco Juliá, y el deseo de este blog es llegar al mayor número de lectores, compartir una hermandad a la que nos invita lo íntimo de la conciencia.

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