El EMPERADOR DEL NORTE

Ayer tuve oportunidad de contemplar nuevamente el film El Emperador del Norte, que dirigiera hace ya muchos años Robert Aldrich. He de decir que la película conserva toda su frescura y mantiene su vigor secuencia a secuencia, con un pulso que no decae en ningún momento de las dos horas aproximadas de metraje. Indudablemente es para mí uno de los mejores trabajos de este director, que cuenta en su filmografía con títulos tan exitosos como 12 del patíbulo o ¿Qué fue de Baby Jane?

En el Emperador del Norte se encuentra con un material lleno de posibilidades, rico en lecturas diferentes, que ofrece las mayores garantías a quien sepa manipularlo y hacer girar con tino sus vueltas de tuerca. El potencial alegórico del relato es tremendo, tanto que a veces se confunde con el recurso siempre infalibe y lleno de sugerancias de la parábola, haciendo que la cinta rebose de los más reveladores significados. Desconozco la lectura última que Aldrich da de lo narrado, pero estoy seguro que para cada expectador se abre un universo de expectativas y un camino siempre lúcido y aleccionador, en esa gran alegoria del "camino".

La relación fabulosa sobre esos mendigos que viajan de extranjis en los trenes, durante la epoca de la gran depresión americana, nos hace encararnos con una sociedad que ha llegado a sus límites, y se tropieza de frente con el paradigmático fastasma de sus fábulas. En ese mundo maltrecho que renace de entre los escombros y los vertederos  de basura se impone la ley despiadada de lo misérrimo, en una sociedad que se cercena a si misma para sacudirse sus propios parásitos, pero que pese a su estéril degradación tendra que encararse a su inalienable humanidad.

Memorables trabajos de Lee Marvin y Ernest Borgnine, figuras casi miticas de la historia del cine, que dan un clamoroso ejemplo de bien hacer. Se agradece la compenetración de Marvin con el personaje, alejado de su característico sicópata violento.

El mundo de los mendigos es un universo pletórico de posibilidades literarias, un cerrado escenario faulknerianio capaz de aportar la suficiente leña para avivar el fecundo fuego de la creación. Me aproximé a él en alguno de mis trabajos. De entre los borradores que no rompí, se encuentra mi relato Mendigos y algún otro. Pero es claro que ese fructifero universo encadenado de la mendicidad da fruto cuanto menos para escribir una novela o, en su defecto, un voluminoso libro de relatos.
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Francisco Juliá

Soy Francisco Juliá, y el deseo de este blog es llegar al mayor número de lectores, compartir una hermandad a la que nos invita lo íntimo de la conciencia.

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